A PROPÓSITO DEL 3D
Miguel Matos S.J
Estoy escribiendo estas palabras pensando en mis pastores los señores obispos, en mis hermanos sacerdotes y religiosos y religiosas, en instituciones católicas como la Revista SIC, la Universidad Católica Andrés Bello, los responsables de la educación católica en general y todos los que hacen vocería pública desde la opción cristiana.
Acabamos de participar en una experiencia de expresión de las opciones políticas del venezolano. Tenemos delante unos resultados evidentes, confiables, multitudinarios. Es más, podemos discriminar con precisión casi matemática cuáles son las preferencias de las mayorías más empobrecidas del país y cuáles son las opciones de los sectores más favorecidos, si es que el protagonismo del pobre sigue siendo una referencia importante para nosotros.
En anteriores experiencias hemos visto cómo, una vez que finalizan unas elecciones con resultados parecidos a estos, los que adversan al proceso bolivariano, después de un brevísimo período de aturdimiento, en muy poco tiempo regresan con el mismo lenguaje anterior, con las mismas actitudes, con la misma prepotencia, con la misma intransigencia, con las mismas alianzas, como si realmente aquí no hubiera pasado absolutamente nada, ignorando en una tozuda ceguera los contundentes pronunciamientos mayoritarios del pueblo.
Uno se pregunta de qué sirve este esfuerzo descomunal que supone unas elecciones nacionales preparadas con tanto tiempo y financiadas con tanta esplendidez si a los pocos días de realizadas las mismas y haciendo caso omiso a lo que se haya expresado en ellas, hay gente significativa que desde una supuesta opción por el pobre se mantiene impertérrita y blindada ante lo que han expresado esas las mayorías.
No se les pide en lo más mínimo que cambien sus preferencias políticas. ¡No!. Ellos hacen uso de sus legítimos derechos manteniendo sus fidelidades hacia una respetable porción de la nación venezolana, que pasa del 30% de la población y que democráticamente se ha expresado en contra de este proceso. Ese porcentaje aunque hubiera sido aún más pequeño, hay que respetarlo, apreciarlo, convocarlo e incluirlo.
Lo que le pido a mis queridos hermanos(as) es simplemente un elemental respeto a esa holgada mayoría popular que sí está entrañable, existencial y vitalmente identificada con este proceso. Esa holgada mayoría es también mayoritariamente católica y solo gracias a su madurez ha tolerado el irrespeto del que es víctima por tantos pronunciamientos irresponsables, fanáticos, algunos cercanos a la demencia, súper sesgados, de cardenales, obispos, sacerdotes, monjas. Ha sido la providencial madurez de este pueblo cristiano venezolano la que le ha permitido soportar estoicamente el atropello que padecen los católicos afectos al proceso desde los púlpitos, desde las actuaciones algunas veces muy reñidas con un elemental cristianismo que fomentan las universidades y colegios católicos más clasistas.
Me consta que en muchas comunidades de vida religiosa, si alguien se muestra identificado con este proceso, tiene que replegarse a su privacidad o vivirlo en clandestinidad y en reserva mientras ve cómo los religiosos afectos a la oposición no solo maltratan permanentemente sus legítimas susceptibilidades sino que observan cómo gozan de absoluta impunidad, hasta para actividades secretas algunas veces subversivas, bajo la aprobación tácita o por lo menos el silencio cómplice de sus superiores.
Hay comunidades religiosas en las que solo y exclusivamente se lee la prensa oposicionista, se tiene preferencia por la programación de Globovisión, los amigos naturales de la comunidad son casi exclusivamente los simpatizantes de la oposición y aquel que no comulgue con esa ideología se le hace experimentar la trivialización, la incomprensión y la sospecha. Estoy hablando de cosas de las que tengo lamentablemente abundantes testimonios.
De hecho y aunque resulte paradójico, en los ambientes más oficialmente católicos campea con desenfado un oposicionismo intolerante.
Una situación que podría interpretarse como síntoma del “blanqueamiento” que se vive en la vida religiosa es el hecho de que muchos de nuestros estudiantes religiosos aun cuando provienen de familias muy modestas, afectas y hasta beneficiadas por el actual proceso, se convierten con el tiempo en radicales oposicionistas ante la sorpresa y decepción de sus familiares y antiguos compañeros.
Por eso insisto una vez más. Para que funcionemos mejor no es absolutamente necesario que nadie cambie su ideología. Solo se les pide un cívico y cristiano respeto a las opciones de esas mayorías que ya llevan tiempo pronunciándose y mereciéndose un amplio espacio de reconocimiento.
No se puede actuar como si la mayoría venezolana no se hubiera pronunciado tan contundentemente y en una dirección tan rotunda y concreta. ¿Es que van a ser más decisivos ciertos presupuestos ideológicos anacrónicos, ciertos posesionamientos hormonales, ciertas vinculaciones pragmáticas que la misma realidad? Ya basta de seguir golpeando prepotente e irresponsablemente, la sensibilidad sociopolítica y cristiana de los católicos que simpatizamos con este proceso. Basta de ignorarnos y satanizarnos en esas declaraciones destempladas de obispos, de editoriales y portadas agresivas de SIC, de homilías abusivas en las iglesias, de presiones discriminatorias en los colegios elitescos, de pronunciamientos exhibicionistas y sensacionalistas en los diarios, de coincidencias estratégicas tan orquestadas con las agendas de la oposición, de sumisiones indignas a poderes antivenezolanos. Reconozcan los niveles de madurez, de olfato político y sensibilidad evangélica a los que ha ido llegando el pueblo venezolano.
Alguien estará sintiendo que mi petición debería también hacerla al mundo de los afectos al proceso. Indudablemente que sí. Pero es necesario reconocer que desde hace ya un largo tiempo esa agresividad y violencia que se le atribuía con o sin razón exclusivamente al bolivarianismo, hoy ha cambiado dramáticamente de lugar y se ha instalado y exacerbado en las filas oposicionistas. Los medios de comunicación han sido altamente exitosos en mantener a sus usuarios en estado permanente de paranoia y en una combinación de victimización y prepotencia. Todo esto muy sicopatológico.
Abramos los ojos y respetémonos. No creo que sea pedir mucho. Pero quizá sería suficiente… por ahora.
OJALÁ QUE APRENDAN POR LO MENOS A RESPETAR LAS OPCIONES DE LAS MAYORÍAS…!
midestino6@cantv.net
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Etiquetas: Venezuela-Blogalaxia, blog, politica, venezuela, medios, alternativa, socialismo, movimientos, social, sociedad, elecciones-2006, elecciones3d,
Elecciones3D
Estoy escribiendo estas palabras pensando en mis pastores los señores obispos, en mis hermanos sacerdotes y religiosos y religiosas, en instituciones católicas como la Revista SIC, la Universidad Católica Andrés Bello, los responsables de la educación católica en general y todos los que hacen vocería pública desde la opción cristiana.
Acabamos de participar en una experiencia de expresión de las opciones políticas del venezolano. Tenemos delante unos resultados evidentes, confiables, multitudinarios. Es más, podemos discriminar con precisión casi matemática cuáles son las preferencias de las mayorías más empobrecidas del país y cuáles son las opciones de los sectores más favorecidos, si es que el protagonismo del pobre sigue siendo una referencia importante para nosotros.
En anteriores experiencias hemos visto cómo, una vez que finalizan unas elecciones con resultados parecidos a estos, los que adversan al proceso bolivariano, después de un brevísimo período de aturdimiento, en muy poco tiempo regresan con el mismo lenguaje anterior, con las mismas actitudes, con la misma prepotencia, con la misma intransigencia, con las mismas alianzas, como si realmente aquí no hubiera pasado absolutamente nada, ignorando en una tozuda ceguera los contundentes pronunciamientos mayoritarios del pueblo.
Uno se pregunta de qué sirve este esfuerzo descomunal que supone unas elecciones nacionales preparadas con tanto tiempo y financiadas con tanta esplendidez si a los pocos días de realizadas las mismas y haciendo caso omiso a lo que se haya expresado en ellas, hay gente significativa que desde una supuesta opción por el pobre se mantiene impertérrita y blindada ante lo que han expresado esas las mayorías.
No se les pide en lo más mínimo que cambien sus preferencias políticas. ¡No!. Ellos hacen uso de sus legítimos derechos manteniendo sus fidelidades hacia una respetable porción de la nación venezolana, que pasa del 30% de la población y que democráticamente se ha expresado en contra de este proceso. Ese porcentaje aunque hubiera sido aún más pequeño, hay que respetarlo, apreciarlo, convocarlo e incluirlo.
Lo que le pido a mis queridos hermanos(as) es simplemente un elemental respeto a esa holgada mayoría popular que sí está entrañable, existencial y vitalmente identificada con este proceso. Esa holgada mayoría es también mayoritariamente católica y solo gracias a su madurez ha tolerado el irrespeto del que es víctima por tantos pronunciamientos irresponsables, fanáticos, algunos cercanos a la demencia, súper sesgados, de cardenales, obispos, sacerdotes, monjas. Ha sido la providencial madurez de este pueblo cristiano venezolano la que le ha permitido soportar estoicamente el atropello que padecen los católicos afectos al proceso desde los púlpitos, desde las actuaciones algunas veces muy reñidas con un elemental cristianismo que fomentan las universidades y colegios católicos más clasistas.
Me consta que en muchas comunidades de vida religiosa, si alguien se muestra identificado con este proceso, tiene que replegarse a su privacidad o vivirlo en clandestinidad y en reserva mientras ve cómo los religiosos afectos a la oposición no solo maltratan permanentemente sus legítimas susceptibilidades sino que observan cómo gozan de absoluta impunidad, hasta para actividades secretas algunas veces subversivas, bajo la aprobación tácita o por lo menos el silencio cómplice de sus superiores.
Hay comunidades religiosas en las que solo y exclusivamente se lee la prensa oposicionista, se tiene preferencia por la programación de Globovisión, los amigos naturales de la comunidad son casi exclusivamente los simpatizantes de la oposición y aquel que no comulgue con esa ideología se le hace experimentar la trivialización, la incomprensión y la sospecha. Estoy hablando de cosas de las que tengo lamentablemente abundantes testimonios.
De hecho y aunque resulte paradójico, en los ambientes más oficialmente católicos campea con desenfado un oposicionismo intolerante.
Una situación que podría interpretarse como síntoma del “blanqueamiento” que se vive en la vida religiosa es el hecho de que muchos de nuestros estudiantes religiosos aun cuando provienen de familias muy modestas, afectas y hasta beneficiadas por el actual proceso, se convierten con el tiempo en radicales oposicionistas ante la sorpresa y decepción de sus familiares y antiguos compañeros.
Por eso insisto una vez más. Para que funcionemos mejor no es absolutamente necesario que nadie cambie su ideología. Solo se les pide un cívico y cristiano respeto a las opciones de esas mayorías que ya llevan tiempo pronunciándose y mereciéndose un amplio espacio de reconocimiento.
No se puede actuar como si la mayoría venezolana no se hubiera pronunciado tan contundentemente y en una dirección tan rotunda y concreta. ¿Es que van a ser más decisivos ciertos presupuestos ideológicos anacrónicos, ciertos posesionamientos hormonales, ciertas vinculaciones pragmáticas que la misma realidad? Ya basta de seguir golpeando prepotente e irresponsablemente, la sensibilidad sociopolítica y cristiana de los católicos que simpatizamos con este proceso. Basta de ignorarnos y satanizarnos en esas declaraciones destempladas de obispos, de editoriales y portadas agresivas de SIC, de homilías abusivas en las iglesias, de presiones discriminatorias en los colegios elitescos, de pronunciamientos exhibicionistas y sensacionalistas en los diarios, de coincidencias estratégicas tan orquestadas con las agendas de la oposición, de sumisiones indignas a poderes antivenezolanos. Reconozcan los niveles de madurez, de olfato político y sensibilidad evangélica a los que ha ido llegando el pueblo venezolano.
Alguien estará sintiendo que mi petición debería también hacerla al mundo de los afectos al proceso. Indudablemente que sí. Pero es necesario reconocer que desde hace ya un largo tiempo esa agresividad y violencia que se le atribuía con o sin razón exclusivamente al bolivarianismo, hoy ha cambiado dramáticamente de lugar y se ha instalado y exacerbado en las filas oposicionistas. Los medios de comunicación han sido altamente exitosos en mantener a sus usuarios en estado permanente de paranoia y en una combinación de victimización y prepotencia. Todo esto muy sicopatológico.
Abramos los ojos y respetémonos. No creo que sea pedir mucho. Pero quizá sería suficiente… por ahora.
OJALÁ QUE APRENDAN POR LO MENOS A RESPETAR LAS OPCIONES DE LAS MAYORÍAS…!
midestino6@cantv.net
TE INVITAMOS A LEER LOS MENSAJES DE NUESTRO FORO M13A
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