José Martí: americanismo en la obra revolucionaria
En los trabajos de José Martí, desde su más temprana edad, aparecen referencias a la problemática hispanoamericana. En El presidio político en Cuba, de 1871, señala a nuestros pueblos como la Patria Grande, vínculo de unidad integradora.
Su primera estancia en la tierra mexicana (1875-1876) es el inicio de una verdadera captación de los rasgos esenciales de América. En enero de 1876, por primera vez emplea un término que con el tiempo hace inseparable: nuestra América. La expresión resume las características de la autoctonía latinoamericana.
Entre los años 1877 y 1878, José Martí se encuentra en Guatemala. Allí con frecuencia le asaltan las expresiones madre América y nuestra América, que en el futuro serían el nombre de dos piezas mayores, de un acabado conocimiento.
De esta época, específicamente del 27 de noviembre de 1877, data una carta a Valero Pujol, en la cual señala que su oficio era 'engrandecer a América, estudiar sus fuerzas y revelárselas'.
Transcurren los años. Martí regresa a Cuba, donde es nuevamente deportado. En 1881 se encuentra en Venezuela y completa su visión de la Patria Grande.
La continentalización de la óptica martiana en el período se resume en una sentencia que aparece en su carta a Fausto Teodoro de Aldrey, escrita el 27 de julio de 1881: 'De América soy hijo, a ella me debo'.
Es el conocimiento de la esencia latinoamericana, la base del alcance en su obra intelectual y política. Cuando el Apóstol parte a los Estados Unidos, va cargado de este saber, por lo que su larga estancia en este país no disminuye su relación con los pueblos al sur del río Bravo.
Desde entonces el cubano se convierte en un defensor del alma continental.
En Norteamérica, Martí se desempeña como cónsul de Uruguay, Argentina y Paraguay. También es elegido presidente de la Sociedad Literaria Hispanoamericana de Nueva York. A la par de ser un incansable periodista, esta labor le vale en su designación como corresponsal de la Asociación de Prensa Argentina en Estados Unidos y Canadá.
Comienza a publicar, en septiembre de 1889, sus reportajes sobre la Conferencia Internacional Americana, la que tan poderosamente acaparó su atención y que le hizo expresar: 'Jamás hubo en América desde la independencia a acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia'.
En el discurso conocido como Madre América, pronunciado durante la velada artística que ofreció la Sociedad Literaria Hispanoamericana, ante delegados a esta Conferencia, realiza un apretado análisis socio-histórico del continente.
Un largo trecho recorre el cubano antes de redactar el afamado ensayo Nuestra América. En éste desborda el conocimiento de nuestras particularidades. Resume los capítulos fundamentales de la historia y logra un magistral análisis latinoamericanista.
Este hombre de talla continental, que avizora lo peligroso de la unión entre un cóndor y un cordero, comienza a dar pasos que encaminen la definitiva independencia de Cuba.
El 11 de octubre de 1891, José Martí renuncia a su cargo de cónsul de Argentina, lo que hace posteriormente con Uruguay y Paraguay. En el propio mes, dimite de la presidencia a la Sociedad Literaria Hispanoamericana. Parece que todo lo abandona por la causa de Cuba Libre.
Quedan aprobadas de principio las Bases y los Estatutos de lo que próximamente sería el Partido Revolucionario Cubano, el 5 de enero de 1892. El 10 de abril del mismo año, las asociaciones de cubanos y puertorriqueños de Cayo Hueso, Tampa y Nueva York realizan actos en que proclaman la constitución del Partido.
Sin dudas, un nuevo rumbo toma la vida del Apóstol, pero en su nueva obra no queda a un lado el interés de engrandecer a América. Toda la labor como máxima figura del Partido, que organiza la independencia cubana, así lo demuestra.
Ejemplo de ello es su carta del 13 de octubre de 1893, escrita al General en Jefe del Ejército Libertador Máximo Gómez, en que plantea 'asegurar la independencia amenazada de las Antillas, y el equilibrio y el porvenir de la familia de nuestros pueblos en América.'
Por: José Antonio Bedia Pulido, investigador del Centro de Estudios Martianos.
Su primera estancia en la tierra mexicana (1875-1876) es el inicio de una verdadera captación de los rasgos esenciales de América. En enero de 1876, por primera vez emplea un término que con el tiempo hace inseparable: nuestra América. La expresión resume las características de la autoctonía latinoamericana.
Entre los años 1877 y 1878, José Martí se encuentra en Guatemala. Allí con frecuencia le asaltan las expresiones madre América y nuestra América, que en el futuro serían el nombre de dos piezas mayores, de un acabado conocimiento.
De esta época, específicamente del 27 de noviembre de 1877, data una carta a Valero Pujol, en la cual señala que su oficio era 'engrandecer a América, estudiar sus fuerzas y revelárselas'.
Transcurren los años. Martí regresa a Cuba, donde es nuevamente deportado. En 1881 se encuentra en Venezuela y completa su visión de la Patria Grande.
La continentalización de la óptica martiana en el período se resume en una sentencia que aparece en su carta a Fausto Teodoro de Aldrey, escrita el 27 de julio de 1881: 'De América soy hijo, a ella me debo'.
Es el conocimiento de la esencia latinoamericana, la base del alcance en su obra intelectual y política. Cuando el Apóstol parte a los Estados Unidos, va cargado de este saber, por lo que su larga estancia en este país no disminuye su relación con los pueblos al sur del río Bravo.
Desde entonces el cubano se convierte en un defensor del alma continental.
En Norteamérica, Martí se desempeña como cónsul de Uruguay, Argentina y Paraguay. También es elegido presidente de la Sociedad Literaria Hispanoamericana de Nueva York. A la par de ser un incansable periodista, esta labor le vale en su designación como corresponsal de la Asociación de Prensa Argentina en Estados Unidos y Canadá.
Comienza a publicar, en septiembre de 1889, sus reportajes sobre la Conferencia Internacional Americana, la que tan poderosamente acaparó su atención y que le hizo expresar: 'Jamás hubo en América desde la independencia a acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia'.
En el discurso conocido como Madre América, pronunciado durante la velada artística que ofreció la Sociedad Literaria Hispanoamericana, ante delegados a esta Conferencia, realiza un apretado análisis socio-histórico del continente.
Un largo trecho recorre el cubano antes de redactar el afamado ensayo Nuestra América. En éste desborda el conocimiento de nuestras particularidades. Resume los capítulos fundamentales de la historia y logra un magistral análisis latinoamericanista.
Este hombre de talla continental, que avizora lo peligroso de la unión entre un cóndor y un cordero, comienza a dar pasos que encaminen la definitiva independencia de Cuba.
El 11 de octubre de 1891, José Martí renuncia a su cargo de cónsul de Argentina, lo que hace posteriormente con Uruguay y Paraguay. En el propio mes, dimite de la presidencia a la Sociedad Literaria Hispanoamericana. Parece que todo lo abandona por la causa de Cuba Libre.
Quedan aprobadas de principio las Bases y los Estatutos de lo que próximamente sería el Partido Revolucionario Cubano, el 5 de enero de 1892. El 10 de abril del mismo año, las asociaciones de cubanos y puertorriqueños de Cayo Hueso, Tampa y Nueva York realizan actos en que proclaman la constitución del Partido.
Sin dudas, un nuevo rumbo toma la vida del Apóstol, pero en su nueva obra no queda a un lado el interés de engrandecer a América. Toda la labor como máxima figura del Partido, que organiza la independencia cubana, así lo demuestra.
Ejemplo de ello es su carta del 13 de octubre de 1893, escrita al General en Jefe del Ejército Libertador Máximo Gómez, en que plantea 'asegurar la independencia amenazada de las Antillas, y el equilibrio y el porvenir de la familia de nuestros pueblos en América.'
Por: José Antonio Bedia Pulido, investigador del Centro de Estudios Martianos.

