martes, 15 de noviembre de 2005

Chávez y “la tela de Penélope”

Por: Angel Carrillo Lugo

Proponerse y asumir la recomposición o refundación de Venezuela y reformar las políticas y mecanismos de política exterior para enfrentar los gravísimos retos que degradan y ponen en peligro el futuro de la propia humanidad no es tarea fácil, libre de peligros e inmediata. Por el contrario, sólo uno de esos propósitos y mucho más ambos, parecen formar parte de “los trabajos de Hércules”, es decir, se trata de una empresa ardua de cumplimiento sumamente difícil y complicada, por no decir casi imposible pero que a los venezolanos nos pone en el camino de vivir mejor, desmintiendo la conseja de que antes de Chávez en Venezuela vivíamos en un paraíso.



El Edén que nunca existió

Asevera la Biblia que Jehová plantó un huerto en el Edén, al oriente de la tierra, de donde salía un río que lo regaba y puso allí al hombre que había formado de la tierra y a la mujer que hizo de la costilla que tomó del hombre. Consumada la desobediencia, tras comer Adán y Eva el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, Jehová echó fuera del Edén al hombre y a su mujer y puso al oriente del huerto del Edén querubines (espíritus celestes que forman el primer coro de los Ángeles del Cielo, de singular belleza, caracterizados por la plenitud de ciencia), y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.

Para nosotros los cristianos ese lugar, ese Edén, existió. Es lo que llamamos el Paraíso terrestre o terrenal, lugar ameno y delicioso. De allí que cuando queremos referirnos a un lugar o sitio donde todo es paz, armonía, dicha y felicidad, digamos esto es un paraíso, o esto es el Edén.

La historia anterior la traemos porque estamos notando una bien montada y costosísima campaña que persigue crear la matriz de opinión de que en Venezuela, antes de asumir el gobierno Hugo Chávez, todo era una maravilla. Que antes de Chávez, Venezuela era el Edén. Que los venezolanos estamos locos. Que hemos perdido la razón al no darnos cuenta de que antes de Chávez vivíamos en un paraíso. Estos aprovechadores y descarados mentirosos de oficio ofenden la inteligencia del venezolano, al suponernos que somos un atajo de animales, desprovistos de neuronas cerebrales y totalmente desmemoriados.

Hoy, cuando Venezuela cuenta con las mayores reservas internacionales de toda su historia, estas “almas de Dios” están pendientes de resaltar cuando, por razones normales de la economía (por ejemplo, al momento que el Gobierno cumple con el pago del inmenso mono heredado que se llama deuda externa), cualquier mínima rebaja que ocurra, aunque las reservas se conserven por encima de montos jamás antes alcanzados.
Cosa igual pasa con la inflación. Los índices de inflación en los diez años anteriores a Chávez llegaron a ser de tres dígitos, es decir, de 120, 150 y hasta de 180%. Dicho en términos económicos, vivíamos una hiperinflación. Hoy la inflación está reducida a dos dígitos y el gobierno espera llevarla a un solo dígito en los próximos años. Sin embargo, economistas entreguistas, amantes exclusivos de los sueldos y comisiones que perciben por los negocios “que cuadren” contra los intereses nacionales, ante la imposibilidad de negar la baja de la inflación la atribuyen a la falta de consumo, lo que ha sido también desvirtuado por las autoridades del Banco Central, quienes públicamente han anunciado y demostrado que está pasando lo contrario, es decir, que ahora hay más consumo y muchísima menos inflación.


Otra demostración importante de que antes de Chávez en Venezuela no había ningún paraíso, y de que quienes invocan ese Edén, que nunca existió, son unos demonios disfrazados en lugar de preciosas y bondadosas criaturas celestiales, está en las tasas de interés. Antes de Chávez las tasas activas (las que cobran los bancos y otras instituciones de crédito) llegaron a estar por encima del 70%, lo que hacía imposible o constituía una locura pedir un crédito porque de antemano el deudor sabía que no lo podría pagar y que perdería lo que diese en garantía. Ante esas altísimas tasas esos falsos querubines no abrieron la boca, les parecían muy bien, inobjetables. Hoy que el Gobierno las ha llevado a menos de la mitad y aspira a continuar bajándolas, “los angelitos” reclaman y pretextan cuantas “razones técnicas” se imaginan para que el préstamo de dinero no se haga más barato.

De los precios del petróleo ni hablar. En los tiempos de la Venezuela idílica que se nos quiere evocar y que nunca existió, el precio del crudo se mantuvo como promedio entre 11 y 13 dólares el barril, llegando a estar al final del segundo gobierno de Caldera entre 7 y 9 dólares. Con Chávez, la OPEP impuso una banda de precios en el ámbito mundial, para que el valor del crudo oscilara entre montos justos, hasta alcanzar los precios que tenemos. ¿Y sobre esto que opinan “los doctos y falsos querubines”? Bueno, que los precios han subido porque tenían que subir (la pregunta nuestra es ¿y por qué antes no tenían que subir?), pero además, para amedrentarnos, gastan grandes sumas de dinero en “informarnos” que “eso” pone muy bravo a los consumidores y que en cualquier momento nos pueden invadir. ¡Qué sucios!

La tortuga de Esquilo

Sostienen que cada cual tiene la suerte del día en que nace o cada cual tiene la suerte que le marca su destino. También se dice que “el hombre se mueve y Dios le guía” o que “el hombre elige su camino y Dios conduce sus pasos”. Nadie puede sustraerse a los designios de la providencia.

Un oráculo había predicho a Esquilo, padre de la tragedia griega, que moriría por efecto de la caída de una casa. Esquilo, para sustraerse a la realización de tan siniestra profecía, abandonó la ciudad para irse al campo; pero hasta allí le persiguió el destino. Un águila que se cernía por los aires con una tortuga en las garras, la dejo caer sobre la cabeza de Esquilo e incluso se asegura que lo hizo confundiendo la calva cabeza del poeta con una roca contra la que pretendía romper la concha del quelonio. Esquilo murió del golpe y como se dice que la tortuga lleva la casa a cuestas, los supersticiosos quedaron satisfechos y el hecho ha venido recordándose para expresar, como los fatalistas, lo difícil, lo imposible que le es al hombre escapar de su destino. Todo esto no parece que tenga probabilidades de ser cierto y se considera por los más como una leyenda pueril; tal vez deba su origen a las dificultades con que han tropezado los investigadores para explicar las causas que movieron a Esquilo a expatriarse.

El caso es que el destino, el sino, la fatalidad pareciera condenar al presidente Hugo Chávez Frías a vivir para trabajar intensamente y por mucho tiempo. La vida de aquel niño que, según sus biógrafos, comenzó por vender “arañitas” (rodajas retorcidas de dulce de lechosa) en su tierra natal para ayudar a su abuela Rosa Inés, se complica laboralmente cada vez más al asumir trabajos que parecen ser de los de “nunca acabar”.

La tela de Penélope y la mujer del César

Penélope es una figura muy traída y muy llevada en la mitología griega. La tela de la que tanto se habla, y que ha quedado como símbolo de un trabajo de duración al parecer interminable, era un sudario que destinaba a su suegro. Trabajo que se había propuesto terminar antes de contraer nuevo matrimonio, pues Penélope estaba casada con Ulises, quien hacía muchos años se había marchado. Como el tiempo transcurría y el esposo no regresaba, varios pretendientes la acosaban para que se casara, y ella con el presentimiento de que el marido volvería, ideó lo del sudario del suegro, y por la noche deshacía lo que por el día tejiera... ¡Y así durante veinte años! Ulises, aunque muy derrotado, volvió al cabo de ese tiempo y la tela de su esposa pasó a la historia.

Por su parte, Publio Clodeo Pulcro, uno de los más revoltoso caudillos de la última República Romana, enamorado de Pompeya, la mujer del pontífice máximo Julio César, y no hallando oportunidades para acercarse a ella, acudió a la estratagema de disfrazarse de mujer y entrar así en casa de César con oportunidad de celebrarse la fiesta de la Bona Dea (Buena Diosa), y en la que no estaban admitidos los hombres. Fue descubierto, pero pudo huir. César, aunque no creyó culpable a su esposa, la repudió, justificando su actitud con esta frase, que se hizo célebre y proverbial: "A la mujer del César no le basta con ser honrada, sino que además tiene que parecerlo. "Conócese la anécdota a través de Plutarco, que la relata en su obra Vida de Julio César".

Usted, amigo lector, se preguntará ¿Y qué tiene que ver todo lo anterior con Hugo Chávez? Muy simple, por lo que a continuación explico.

El trabajo que nuestro Presidente tiene por delante, no sólo es inmenso sino interminable. Su labor, a pesar de ser infructuosamente negada y descalificada en forma sistemática por quienes visceralmente le adversan, parece interminable y la razón es muy simple. El estado de abandono de las políticas públicas fue durante décadas de tal magnitud, que la recomposición del país exige un esfuerzo de proporciones gigantescas. La refundación de Venezuela, que es la tarea que Hugo Chávez Frías se ha propuesto y que tiene por delante, llevará más tiempo que el que llevó a Penélope hacer de su tela un sudario para su suegro.

Venezuela, para salir del marasmo educativo y social al que la llevaron la irresponsabilidad, la inconciencia, la incapacidad y la corrupción de la inmensa mayoría de quienes tuvieron la conducción de los asuntos públicos en las últimas cuatro décadas, requiere más de veinte años.

Ahora bien, ese colosal trabajo que realiza el Presidente dentro y fuera del país, con viajes extenuantes como los que realiza con frecuencia prácticamente por todo el mundo, no sólo a él le corresponde. Los demás Poderes del Estado (Legislativo, Judicial, Ciudadano y Electoral en sus correspondientes niveles: nacionales, estadales, municipales y locales), están en el deber de hacer su trabajo bien y a tiempo.

De igual manera los partidos y fuerzas políticas "aliadas" y sus amigos están en la obligación de ir más allá de las palabras. Su adhesión, apoyo y solidaridad con el proyecto político, económico y social de Chávez, debe materializarse. Los discursos deben acompañarse con hechos. Esto quiere decir que los aliados deben actuar en la práctica como tales. Nadie les exige solidaridades automáticas, pero tampoco deben ejercer una autonomía crítica y obstruccionista, de espalda a los intereses del Estado. La práctica de tirar la piedra y esconder la mano, no es jugar limpio y mucho menos ser consecuente. En fin, como la mujer del César "No es suficiente ser honrada, es necesario parecerlo". No es suficiente decirse “revolucionario” y darse golpes de pecho cuando sale al público la figura de Chávez, o dormir con la boina roja puesta, es necesario efectivamente trabajar en provecho del país.

Comentarios

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Autor: Participante
Fecha: domingo, 06 de abril de 2008
Hora: 4:33

Mayo cantidad de basura escribe usted, compatriota.
Autor: Participante
Fecha: jueves, 08 de mayo de 2008
Hora: 20:09

Rebotado anoooooooooooooooooniiiiiiiiiiiiiiimaaaaaaaaaaaa bay amieda pajina