Perú. Hoy se darán a conocer los resultados finales del referendo sobre regionalización en Perú, pero los preliminares indican que el país dejó pasar una excelente oportunidad hacia la descentralización y la democracia.
El último reporte de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) refiere que el No se impuso con contundencia en 15 de los 16 departamentos donde se realizó la consulta.
Con ello se cierra cualquier inmediata posibilidad de constituir cinco grandes regiones dotadas de mayor autonomía respecto del gobierno central y de crear una estructura político-administrativa favorecedora de un Perú más funcional y moderno.
En la proyectada macro-región Norte (Tumbes-Piura Lambayeque) la oposición al proceso más que triplicó a los adherentes cuando se había computado más del 63% de los votos.
Otro tanto sucedió en la del Sur-medio (Ayacucho Huancavelica, Ica) una vez procesados el 49% de las boletas.
En la central macro-región Ancash-Huanuco-Junín-Lima Provincias-Pasco las boletas contrarias a la regionalización casi quintuplicaban a las favorables cuando se había contado casi el 68% del total.
Más proporcionada fue la votación en la de Apurimac-Cusco, pero así y todo el NO superaba al Sí en casi una vez y media al tabularse el 56% de los sufragios.
Un resultado similar se alcanzó en la macro-región que pudieron formar los departamentos de Tacna, Arequipa y Puno cuando se había contabilizado alrededor del 80% de los votos.
Observadores estiman que la desinformación jugó un papel nefasto en el proceso, lo que se reflejó en el alto índice de boletas anuladas.
Entrevistas a pie de urna reflejaron que la población desconocía los beneficios de la integración y temían que la instalación de una nueva sede regional en un departamento distinto al suyo podría complicarles sus trámites de rutina.
Dispares grados de desarrollo entre las regiones, y hasta las diferentes composiciones étnicas en un país tan multirracial y de diversidad cultural como el Perú, también habrían conspirado contra el proceso.
Algunos comentan que el NO reflejó, además, el nivel de desaprobación de la ciudadanía a la gestión del gobierno de Alejandro Toledo, promotor de la descentralización dícese que para dejar una buena imagen antes de abandonar el poder en julio de 2006.
Otros analistas, más suspicaces aún, opinan que el Ejecutivo se proclamó 'de dientes hacia fuera' abanderado del proyecto, pero que en el fondo quería mantener incólume un estilo administrativo centralizado tan añejo como la República misma.