viernes, 28 de octubre de 2005

¿Cuál es el debate económico de la otra Cumbre?

Los Pueblos se hacen oír en Mar del Plata

La oposición al ALCA y al pago de la deuda externa continental son los ejes principales del debate. A priori, se requieren posiciones más concretas en temas sensibles.
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“Profundizar el debate y la discusión acerca de la construcción de alternativas y el fortalecimiento de las resistencias al ALCA –Area de libre comercio de las Américas- y los demás tratados de libre comercio, el pago de la deuda externa, la militarización y la pobreza y movilizar a todo el continente contra la presencia de (el presidente) Bush y sus políticas a nivel mundial”. Con esta ambiciosa proclama, la organización de la III Cumbre de los Pueblos define su temario a abordar del 1 al 5 de noviembre en la ciudad argentina de Mar del Plata, en paralelo a la realización –aunque con objetivos sustancialmente opuestos- de la Cumbre de las Américas en dicho balneario del Atlántico Sur.
Tal lo expresado por los propios organizadores –bajo el liderazgo del Premio Nóbel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel- el principal objetivo económico manifiesto es la oposición a la implementación del ALCA y del pago de la deuda externa latinoamericana -que alcanza los 792.000 millones de dólares y sumando.

Además, en los distintos foros que se planificaron, hay dos de evidente raigambre económica: “Foro energético de los pueblos de América” y “Foro de economía solidaria”. Además, dentro del cronograma, se destacan las actividades “Alternativas a los caminos hacia una integración contrahegemónica”; “Asamblea de los pueblos de América acreedores de la deuda histórica, social y ecológica”; “Taller por el trabajo y la redistribución de la riqueza”, y el panel “Camino a Hongo Kong: qué está en juego en la OMC”.

La faz organizativa de la Cumbre va a ser del tipo Foro Social Mundial. Hay actividades centrales organizadas por la Alianza Social Continental y por la Autoconvocatoria Argentina No al ALCA. Además, se van a desarrollar actividades autogestionadas, como los talleres mencionados más arriba.

Los organizadores difunden datos de nuestra América: tenemos una población de 800 millones de habitantes, de los cuales la mitad es pobre, y una descomunal concentración de capitales, tecnología y patentes en Estados Unidos y Canadá; uno de cada tres americanos es estadounidense, pero por cada doce dólares que se producen en todo el continente, diez se generan dentro de Estados Unidos. Y un mercado laboral donde una proporción alta de los empleos pertenecen al sector informal, un sector sin voz ni derechos y donde los derechos laborales son constantemente transgredidos.

Los propios organizadores definen al ALCA como “un estatuto de derechos y libertades para los inversionistas, consagrando la supremacía del capital sobre el trabajo, transformando la vida y el mundo en mercancías, negando a los derechos humanos, saboteando la democracia y socavando la soberanía de los Estados”.

“Los acuerdos de libre comercio agravan las desigualdades entre ricos y pobres, entre hombres y mujeres; entre los países del Norte y los países del Sur; y destruyen los vínculos ecológicos entre el hombre y el medio ambiente. El 20 por ciento de la población mundial consume el 80 por ciento de los recursos naturales del planeta. Estos acuerdos orientan la economía hacia la exportación en detrimento de las necesidades de las comunidades locales. Estamos presenciando la consolidación del poder económico y legal de las empresas en perjuicio de la soberanía de los pueblos”, expresó la organización en declaraciones a la prensa.

Un objetivo de las organizaciones participantes se cumplió: el ALCA debió entrar en vigencia este año; sin embargo, su implementación se suspendió por tiempo indeterminado principalmente por la negativa de Argentina, Brasil y Venezuela –aunque en los primeros dos países por motivos distintos al del último.

No obstante, la batalla no está ganada ni mucho menos. Washington cambió su estrategia, y en vez de bregar por un mercado “desde Alaska hasta Tierra del Fuego” –como era el slogan original- ahora propone acuerdos bilaterales de libre comercio por nación o por bloques. Así, ya se instituyó el CAFTA –que vincula a Estados Unidos con los países de América Central y la República Dominicana- y antes de fin de año debiera firmarse un acuerdo de libre comercio con Perú, Bolivia, Ecuador y Colombia. Y Chile –la economía latinoamericana más abierta- también tiene en vigencia un tratado bilateral con el país del norte.

No menos exenta de problemas se encuentra la segunda consigna de la convocatoria: “generar propuestas alternativas basadas en un sistema de comercio justo que respete la soberanía de los pueblos”. En este sentido debe inscribirse la Alternativa Bolivariana para las Américas o ALBA, propiciada por el mandatario de Venezuela, Hugo Chávez.

Al respecto, los organizadores de la Cumbre recordaron que “los acuerdos de libre comercio favorecen la mercantilización de los bienes comunes de la humanidad y del planeta. La lógica neoliberal reduce al ciudadano a un simple consumidor. Esta lógica favorece la rentabilidad a corto plazo sin considerar los costos ambientales y sociales”, además de propiciar “la privatización sistemática de los servicios públicos tales como la salud, la educación, y los programas sociales mediante programas de ajuste estructural en los países del Sur y recortes presupuestarios en los países del Norte” y fomentar “la marginalización de los pueblos indígenas y la apropiación de sus conocimientos con fines comerciales”.

Aunque todavía deben realizarse las actividades, en principio quedarían temas importantes fuera de la agenda de la Cumbre en la faz económica. Con respecto a la soberanía energética, debe haber una manifestación categórica a favor de la recuperación de los recursos por parte de los Estados; en este sentido, el país anfitrión puede servir de ejemplo. Argentina se ha desentendido por completo de la política de hidrocarburos y en dos años se queda sin petróleo, y en algunos años más sin gas. Algo parecido ocurre con Bolivia, donde el gas atesorado en su subsuelo saldrá con rapidez hacia sus vecinos sedientos de energía sin abastecer ni una sola cocina ni estufa boliviana.

Seguramente se van a oír voces de apoyo a los proyectos de Petroamérica, pero sin la verdadera dimensión de su alcance. América Latina puede asegurarse su independencia energética hasta que el mundo se quede sin petróleo ni gas, si no permite que los recursos energéticos sean apropiados por las potencias extranjeras, y convertir a la empresa en un peso pesado a nivel global.

En principio, es positiva la discusión sobre el camino que resta recorrer hasta la Cumbre de la Organización Mundial de Comercio (OMC), en diciembre den Hong Kong. Pero, si todo se reduce a una simple liberalización de los distintos mercados, no sólo no habremos dado un paso en positivo, sino hacia atrás.

Tampoco se incluyen cuestiones que tienen que ver con la integración física, que, junto a la cuestión energética, pueden implementarse de inmediato. La falta de autopistas y cominos, ferrocarriles verdaderamente internacionales, puertos, aeropuertos, es un mal concreto que atenta contra la integración continental, y no sólo económica.

Afuera de la agenda, por ejemplo, quedó el tema de la navegación aerocomercial, la cuestión vital del agua potable y su manejo, y especificar qué significa un comercio internacional justo. También la integración entre los países en cuestiones que cada nación por sí sola no podría sustentar: energías alternativas, biotecnología, acceso a medicamentos masivos, investigación espacial, proyectos de defensa, por nombrar algunos.

El tema del comercio es fundamental. La integración pasa por una política que avance en la lucha contra la pobreza y la justa distribución del ingreso. Además, ya es momento de dejar de lado la retórica para dar paso a las políticas en concreto, aunque quizás esa no sea –aparentemente- la función de la Cumbre de los Pueblos.

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