Propuesta para el debate. Análisis de Situación Nacional
Este Documento preparado por Roland Denis a solicitud de la Comisión Organizadora de la Asamblea Nacional Constituyente del PNA-M13A. Se aclara que este es un documento para el debate y la polémica fraternal en función de promover la discusión previa necesaria para arribar a caracterizaciones y síntesis. Toda posición coincidente, opuesta o que enriquezca este documento se publicará en las mismas condiciones que éste para todos los compañeros que conformarán la Asamblea Nacional Constituyente del M13A.
(Documento de carácter interno para la discusión PREASAMBLEARIA del PNA-M13A a celebrarse en Aroa - Yaracuy, estado Lara el 21, 22 y 23 de Octubre)
I. ARGUMENTO EXPLICATIVO
1. El “estado-crisis” y la “situación revolucionaria”
No estamos pretendiendo ningún análisis acabado de una situación arto compleja que viene sufriendo cambios permanentes y continuos. Lo que importa a nuestro parecer es reconocer, primero, algunas tendencias centrales dentro de una situación clásica de “estado-crisis” (de la que hacen referencia los autonomistas italianos en los años setenta). Es decir, aquel momento en donde el estado (independientemente de los líderes, del “formato constitucional” y los pactos sociales que garantizan su estabilidad) como centro de autoridad y organización de una sociedad estructurada a partir del despotismo capitalista entra en crisis, constata el resquebrajamiento de su autoridad, y comienza a cubrir el periplo de quien intenta a la vez transformarse a sí mismo y la sociedad que comanda, ya que de otra manera sería ella misma desde el hacer de los más miserables quien terminaría haciendo lo indispensable. Se convierte entonces en el punto de convergencia de todas las ilusiones y los odios, reclamándose para sí el papel de la trascendencia divina: “creo, recreo, conduzco, castigo, premio, soy el grito del excluido y la garantía de la rico”. El “estado-crisis”, siendo una fórmula de salvación del poder, por estas tierras tenderá a ser muy amado por la pedantería burocrática y partidista, defendido a ultranza y hasta convenga por las luces de una corrupción salvaje, atacado hasta más no poder, pero a la calladita muy bien aprovechado por oligarcas e imperios, defendido en sus ilusiones propias por el más pobre, pero igual odiado hasta la desesperación.
Estamos envueltos por esta situación de crisis de la maquinaria de estado como cuerpo político de las clases dominantes, sólo que en este caso este mismo se ha visto obligado ha acelerar los procesos de cambio por la apertura de una “situación revolucionaria” (vista desde la perspectiva que hace referencia Lenin en “Las Tesis de Abril”: cuando se presentan las condiciones tanto subjetivas como objetivas, políticas y sociales para una ruptura del orden constituido) que desde hace más de 15 años no hace más que tocar la puerta de los nuevos tiempos y exigir un desenlace definitivo. Los líderes centrales (centralísimo el papel de Chávez por supuesto) pero también todo el universo de sectores y organizaciones sociales y políticas que giran alrededor del “movimiento bolivariano” surgido desde esta situación, terminamos amarrados a esta crisis de fondo, jugando papeles distintos que muchas veces ni entendemos, determinados por la evolución de las cosas y por el lado en que estamos situados dentro la inmensa confrontación de clases que supone la apertura de la crisis y la “situación revolucionaria” que la acompaña. Son momentos típicos en donde la multiplicación de experiencias e ideas, curiosamente tienden a empañar las luces mas sabias de los pueblos, fruto de nuestras viejas herencias de lucha y las sapiencias que se acumularon en ellas.
Aunque a la final siempre surgirán eventos y pequeños destellos de conciencia que nos permiten por los momentos aclarar algunos puntos básicos para la comprensión de la situación que vivimos. Puntualicemos al menos algunos:
Primero: que de verdad en nuestro caso esta es una crisis de fondo, que despierta a partir de la rebelión social que estalla progresivamente a partir de los años ochenta producto de la huída o desmantelamiento de todo un acumulado de riquezas y dinero concentradas a lo largo de casi un siglo de monoproducción petrolera controlada por intereses corporativos transnacionales y el dominio tanto de una burguesía como de una burocracia parasitarias y complacientes entre sí. Pero ella se instala definitivamente entre nosotros desde el momento en que el intento por un imponer el modelo neoliberal por acá fracasa por completo desde del 27F-89, desmoronándose los pilares sociales, políticos e ideológicos que sostuvieron al “pacto de puntofijo”. Una crisis tan honda que no podrá ser superada desde una perspectiva revolucionaria por el voluntarismo de nadie, ni de grandes líderes ni siquiera de algún auténtico gobierno revolucionario, que incluso en el caso de que lo hubiese, terminaría ahogado en la vorágine de la situación. Se necesita entonces de la confluencia de toda una multitud de voluntades que abran perspectivas de articulación y lucha sustentándose en su propia autonomía, su fuerza movilizadora y organizativa, su experiencia y acumulados propios, su capacidad defensiva, subversiva y productiva, y en una mirada estratégica que trascienda los límites de la politiquería electoral y las ilusiones mentirosas del nacionalismo. Una crisis tan honda que desde el punto de vista social tardará décadas para poder enfrentarla al menos en la miseria que ha dejado, pero que necesita de un desenlace, incluso dentro del limitado cuadro nacional en que vivimos, mucho más pronto y real, tomando en cuando la oscuridad de la situación política que aún impera. Es el gran problema de lo que hoy llaman la creación del “sujeto revolucionario”, cosa que aún no termina de constituirse e irrumpir.
Segundo: que inevitablemente, en la medida en que se desarrollan las fuerzas populares producto del clima democrático abierto y se derrotan al menos los primeros estallidos de la contraofensiva reaccionaria, natural a todos estos procesos, se tratará de imponer una nueva oligarquía política, descaradamente oportunista, sin bases, ni historia, ni ética, que se aprovechará de los ventarrones de la crisis y tomará para sí los ideales surgidos por la irrupción de la “situación revolucionaria” como mecanismo de control político y social, como de reversión histórica del proceso revolucionario abierto. En nuestro caso esto estará muy ligado a la profundización del clientelismo político concentrado en el nuevo “status oficialista”, la inversión de la normativa progresista, fruto del proceso constituyente, por una legalidad cada vez mas reaccionaria y neoliberal, una tendencia permanente al caos institucional y el saboteo de políticas transformadoras, una corrupción que se generaliza a todo nivel, un acercamiento cada vez más evidente entre burguesía y estos sectores del nuevo status (nuevo pacto de dominación), la negociación de las grandes líneas de desarrollo con el capital transnacional (evidente en el campo energético), y finalmente la apelación al viejo “estado de represión” que se verán forzados a revivirlo.
Tercero: que independientemente de los discursos, las políticas, y los nuevos horizontes revolucionarios que se abran en el papel, particularmente por boca y dirección de Chávez, esta es una tendencia inevitable que traerá consigo el acrecentamiento de los conflictos de clases que han llegado, dada la profundidad de la crisis, a nivel del poder y las líneas políticas de estado. Así como esto no depende de individuos y voluntarismos políticos, tampoco lo tapa la radicalidad de los horizontes con que se trabaja desde los lugares proféticos del poder. Hay leyes de hierro en la historia, sobretodo cuando se quiere transformarla, y hasta nuevo aviso seguro que no seremos nosotros los que acabemos con ellas. Se abre por tanto un tiempo muy duro de resolver y más si tomamos conciencia del inmenso espacio de dominio que ya detenta este nuevo “status oficialista”, el imperio capitalista que lo oxigena, y los niveles de “entrega inocente” con que nos hemos movido en todos estos años de esfuerzo en las bases populares buscando construir una transición victoriosa. Ya no existen ni ideologías ni fórmulas mágicas que nos resuelvan el camino. El pueblo que mira con agudeza, hace conciencia de sí y de todos y se dispone a luchar, es nuestro único puente de salvación. Pero desde éste tiene que nacer algo mas que una espera ilusionada o un espontaneísmo utópico; es imprescindible la conversión de sus fuerzas mas dispuestas en una vasto ejército de multitudes, en movimiento de muchos que marquen el nacimiento de una verdadera vanguardia colectiva.
Cuarto: que más allá de toda situación interna que en sí misma puede llegar a ser, y de hecho lo ha sido, por lo conflictiva que se quiera, estamos atrapados dentro de una situación mundial que nos impide pensar en la posibilidad de lograr cualquier cosa encerrados en nuestro mundo nacional. El gran conflicto mundial que se ha abierto con la formación de un verdadero “imperio mundial” dentro del cual estamos metidos y sometidos constituye una suerte de “guerra civil” permanente entre las poblaciones del mundo en resistencia y los principales aparatos de guerra de este imperio: militares, mediáticos, corporativos. Dos visiones y dos lógicas se abren para enfrentar esta situación desde un punto de vista revolucionario.
La primera insistirá en el principio absoluto de la soberanía nacional como mecanismo de resistencia y emancipación. Tendrá entonces como objetivo fundamental conquistar los mecanismos de poder necesarios dentro del “estado-crisis” para acelerar la situación revolucionaria, enfrentar al imperialismo y construir una sociedad distinta, nuevamente llamada “socialista”. Fundamental entonces el juego de alianzas y de fuerza que se haga al interno del país como de las maniobras geopolíticas que se produzcan para salir del aislamiento y formar bloques de fuerza continentales e internacionales que debiliten la fuerza imperial y unipolar centrada hoy en los EEUU, y permitan la formación de un mundo “multipolar”. La segunda guardará esta opción a las ilusiones de un pasado lleno de heroísmos y grandiosos movimientos de liberación pero fracasado. Tomará el cuadro nacional como plataforma, como afianzamiento de identidad, como territorio de partida, como rebelión original del pueblo habitante en sus fronteras, pero dirigido fundamentalmente a la articulación y el fortalecimiento de la resistencia y la liberación global, que es de los pueblos sustancialmente (de sus comunidades y clases explotadas en lucha, de la fuerza subversiva, productiva y constituyente que de ellos nazca) y no de los estados nacionales. En la primera nos quedamos atados a las premisas que impuso la tercera internacional y la socialdemocracia a la lucha nacional y mundial, con la segunda pareciera que rescatamos los orígenes genuinos de las rebeliones de los pueblos nuestroamericanos en el siglo XVIII, como de aquellos obreros revolucionarios europeos que en el siglo XIX abrieron la conciencia libertaria al mundo y una nueva era para la humanidad.
2. El frankestein político y la crisis de representatividad
Antes para aclarar. Seguimos ahora ubicando un fenómeno central, el de la representación. También hubiésemos podido partir de cualquier otro (el desplazamiento de las contradicciones desde el referéndum para acá, por ejemplo). Uno como otro nos pueden servir de insumos a lo que buscamos, no obstante ese gran lío que vivimos donde se mezcla Chávez, partidos, burocracia, oligarquías, imperios, movimientos populares, entre guerras, conflictos y encuentros, dentro del estado-crisis nos llevan a tomar ese problema de la representación como el más idóneo y útil para avanzar en el análisis, por tratarse de un nudo crítico que la gente lo invoca a gritos en todos los rincones y reuniones de este país.
El “estado-crisis”, para sobrevivir y superarse ha necesitado históricamente de agentes políticos realmente representativos (de izquierda y derecha) al menos dentro de la formalidad de las relaciones de poder que supone la estructura de una sociedad capitalista y liberal, estando en capacidad de conducir la salida de la crisis. Sin embargo, por estos lados del mundo definitivamente los partidos que han tomado para sí la “representación del proceso” (MVR, PPT, Podemos, principalmente), hijos del camino electoral y el modelo miquelenista con que fue abordado en el 97, viven ellos mismos una crisis profunda de su propia representatividad. Muy pocos de lo que hemos llamado “pueblo bolivariano”, incluidas gran parte de sus bases orgánicas, ven en ellos instrumentos de mediación institucional y participación política. Ya no movilizan, ni siquiera convocan desde sí mismos a la participación electoral. Fatalmente se han convertido en “maquinarias de ocupación y control” de los espacios populares en proceso de gestación, al mismo tiempo que reproducen la clásica presencia clientelar fácil de establecer en una sociedad donde reinan las carencias y la cultura política del populismo. Ni le sirven al viejo orden y mucho menos al orden naciente. Nadie espera en ellos encontrar el espacio de una dirección colectiva de la revolución, ni una vanguardia revolucionaria a la altura de los tiempos, ni siquiera la vieja disposición de sacrificio del viejo militante. Y en cuanto a la sociedad en su conjunto, ni hablar de la derecha partidaria que ya no encuentra bases reales sino en lo último de su vieja militancia, o los sectores activos de la reaccionaria y ultraminoritaria “sociedad civil”. Su presencia real ya se reduce a lo espectral y mediático (que nos es poco pero nunca suficiente), guardando un gran potencial electoral en la burguesía y la clase media pero destrozados, luego de su derrota en el referéndum, sus lugares de convergencia política.
Pero esta crisis de la representatividad no solo se vive dentro de las fórmulas tradicionales de representación política. Igual la encontraremos a nivel social donde no han terminado de surgir los movimientos sociales y socio-políticos que de alguna manera representen en su decir y hacer algún sector sustancial del espacio popular (comunidades, sector obrero y trabajador, campesino, indígena, cooperativista). Mas que una crisis de algo ya constituido, aquí vivimos la ausencia de lugares síntesis amplios y fuertes que tengan la capacidad de hacerse voceros de estos mundos. Surgen mas bien, luego del fracaso por imponer esa síntesis desde arriba (donde tenemos el caso de los Círculos Bolivarianos como el más triste) una infinidad de conjuntos de organización, de frentes y redes locales, espacios de coordinación nacional: CTU, ANMCLA, FCEZ, UNT, como de movimientos regionales: movimiento indígena del Perijá, Federación de pequeños mineros de Bolívar, que empiezan a llenar parte de este vacío y hacerse voceros de demandas y necesidades centrales dentro de los más oprimidos, sirviendo también a la articulación de las nuevas prácticas, sujetos sociales y poderes de base que han surgido con el proceso.
E igual afloran intentos de competencia electoral por parte de pequeños movimientos y partidos que tienden a radicalizar el mensaje chavista-bolivariano, como hemos visto en las últimas elecciones con algún éxito negociante o al menos numérico en los votos que terminaron reconociéndoles (PCV, Mobare, Tupamaros, UPV). Sin embargo, estamos hablando de espacios sociales y políticos que no tienen ninguna posibilidad de llenar y superar la crisis del bloque partidario central, ya sea porque se inscriben en una lógica antagónica a lo que estos “representan” (caso de los movimientos sociales en formación) o por su debilidad endémica como grupos políticos que muchas veces reproducen la misma lógica electorera e impositiva de sus competidores mayores.
Ahora, independientemente de las alternativas buscadas, esta crisis de representatividad no solo refleja una crisis general y mundial del modelo clásico moderno de representación y soberanía, también nos explica un conjunto de hechos que tienen una importancia capital dentro del devenir del proceso. Ubicamos al menos tres extremadamente importantes.
1. El hombre sin diálogo: esta circunstancia de “vacío de representatividad” dentro de un proceso político tremendamente intenso y que ha conservado las matrices básicas de la democracia representativa y el estado burgués, ha extremado en forma descomunal la condición caudillezca (bonapartista dirán otros) de donde nace el liderazgo carismático de Chávez. Chávez se convierte en un poder en sí mismo desde el cual salen todas las propuestas, giran todas las negociaciones y se ubican todas las demandas. Incluso, la protesta, ya no solo de la reacción sino de los sectores populares, tienen un sitio último de llegada que es él, e igual, todas las culpas empiezan desde este lado a tocarlo aunque su inocencia sigue siendo la matriz con que se mueve la mayoría que lo apoyamos. La fortaleza primera se convierte ahora en debilidad del proceso, tanto que es un problema para Chávez ponerse al frente de una asamblea abierta y multitudinaria, ya que la suma de gritos de descontento inmediatamente estallan haciendo imposible el encuentro armonioso. Su liderazgo se convierte entonces en un liderazgo obligado a encerrarse en lo mediático (salvo los mítines, mucho mas escasos después del referéndum), y su condición de dirigente, en dirigente absoluto, sin diálogo real, sin lugar de referencia y debate colectivo, sin información y opinión que lo interpele. Dirigente incuestionable y solitario, rodeado por la sumisión y el “jalabolísmo”, que solo tendrá al “comandante mayor” Fidel, de referencia paternal de autoridad. Fragilidad y soledad en la que por cierto nunca se encerró el viejo comandante, a pesar de él mismo probablemente.
2. El fantasma de la dirección colectiva: tal situación de fragilidad corre por supuesto sobre el fenómeno básico comentado: la inexistencia de niveles importantes de dirección colectiva y autónoma en cualquier nivel, que necesariamente superen el representativismo burgués, los totalitarismos de “partido único”, y se remonten sobre las demandas y dinámicas que nacen de la propia “situación revolucionaria”. La ausencia de ellas, o la inexistencia así sea de una izquierda representativa y auténtica en su ética, su acción social y principios políticos, hace patética la situación ya que una cosa refuerza la otra. O al revés, se tienden a formar cosas tan oscuras y ridículas como la actual “Dirección Política Nacional” –hoy en pie- que luego de otras fracasadas esta ya ni siquiera se presenta públicamente ante nadie por la ausencia total de legitimidad y consenso que la sustente. Esto también rebota sobre la mayoría de las organizaciones populares que se impiden a sí mismas autonomizarse y construir niveles más sólidos de dirección colectiva y crítica, por la propia presión psicológica de lo que implica esta “moral de lealtad absoluta” y no de “compromiso mutuo”. Serán algunas voces aisladas identificadas con el proceso (destaquemos la de Lusby Portillo en el Zulia), o cuando mucho alguna declaración de los dirigentes clasistas de la UNT (por ejemplo la declaración de Chirinos criticando a Chávez por el envío de petróleo a Ecuador en pleno paro petrolero y estado en sitio en Sucumbíos) las que saltan sin la continuidad y fuerza necesarias.
El gran peligro que se presenta, al contrario de lo que suponen algunos “libertarios” y neoliberales (para ellos es el problema del totalitarismo y el autoritarismo centrados en la “dictadura de Chávez y el chavismo”, la “izquierda borbónica” como dirá Teodoro), es que todo esto facilita la formación de estos “status oficialistas” igualmente inapelables, que constituyen una suerte de “corte de elegidos”, sin lugar ni legitimidad, que contradicen todos los valores radicalmente democráticos en los que se inspira el proceso y las prácticas populares que se fraguan desde la base. E igual, por la aberración que esto implica, tarde o temprano desde el fragor de las luchas reales y las contradicciones de fondo, ese “fantasma de la dirección colectiva” dentro de una dinámica socio-política y no burguesa de la representación, terminarán apareciendo desde diversos puntos y lugares de organización (plataformas de lucha las hemos llamado) promoviendo la autodeterminación social de este proceso y la profundización concreta de la revolución (algo para lo cual trabajamos y le da sentido a la formación del movimiento). Corre en medio de todo el gran riesgo de la confrontación antes de todo tiempo y necesidad entre este –estos- y el liderazgo de Chávez, el escenario perfecto para que se cuele el famoso “chavismo sin Chávez”, dirigido por la misericordiosa “corte de elegidos” e “ilustres escuálidos” democráticos y civilistas, buscando su victoria total y el fin de toda revolución posible. Sin que falte por supuesto la bota del imperio acercándose y penetrando por nuestras debilitadas fronteras y utilizando todas sus caretas, para imponer su gendarmería vigilante y comandante ante el desorden que han provocado unos loquitos en su alzada colonia petrolera. Ese si puede ser un enfrentamiento necesario e inevitable. El dilema para todos los que tenemos un compromiso jurado con la vida, incluso para Chávez, es a quienes se elige de enemigos definitivos y como se los enfrenta.
3. El monstruo institucional: bajamos ahora a las consecuencias que impregna el espacio institucional. No es necesario recordar lo que han sido y siguen siendo las instituciones del estado venezolano, sólo que el “estado-crisis”, en su versión criolla, las ha llevado a su peor momento de ineficiencia y corrupción. El problema que se suma en medio de esta crisis es que el modelo de mando que representa Chávez, se riega hacia abajo en su versión “innoble”. La arbitrariedad, la marginación de la militancia y el conocimiento crítico, los círculos de incondicionales, convierte el problema de las mediaciones institucionales en un laberinto infernal de fracciones y reyezuelos donde tienden a morir muchas de las grandes líneas de acción que positivamente salen de las disposiciones progresivas del gobierno. Incluidos muchos de los mandos medios de gobierno, como de las instituciones parlamentarias, fiscales, financieras, contraloras, electorales, judiciales (y ni hablar de la mayoría de las empresas de estado, o en una PDVSA que regresa a la cueva de la ”caja negra”, la corrupción y el nepotismo) estas se convierten en un aparato descaradamente contrarrevolucionario y de sabotaje al proceso (un realero de recursos para todo, una burocracia insoportable, una ineficiencia descomunal, un soborno y una injusticia permanente, una tecnocracia igual de ignorante y elitesca), donde sobreviven islotes de hegemonía patriótica y progresista por decir, sin mucha fuerza dentro del contexto general. Un monstruo arrogante y antidemocrático se ha creado hablando de democracia participativa y revolución, sostenido en los personajes que desde arriba avalan sus mandos y una abismal desigualdad salarial y de acceso general a recursos que le da su poder material.
Y en la medida en que vamos bajando hacia los poderes regionales y locales, o nos vamos hacia otros mandos transversales, principalmente policiales y sectores militares, en vez de suavizarse el problema se agudiza, degenerando hacia la formación de sicariatos policiales, mercenarios de contratos, la aparición de los “nuevos ricos de la revolución”, la infiltración del paramilitarismo y el narcotráfico, la plaga represiva que vuelve a nacer, hasta llegar a los lugares inauditos donde se funde todo este monstruo con los grupos conspirativos, golpistas y magnicidas. ¿Qué autoridad colectiva va parar esto? Es evidente que ya es muy tarde para el “estado-crisis” gestarla desde sí mismo. De éste solo esperemos la salida por el lado de las cortes de elegidos, la escuálidad ilustrada y la gendarmería imperial, para poner orden final. Siguiendo las consejas de Chávez, sólo el camino revolucionario sigue siendo la salida. Nuevamente nos topamos con el problema de las síntesis de fuerza y la estrategia.
II. ESQUEMA A DESARROLLAR
De esta situación se pueden ir derivando otros temas que tienen que ver con los modos y políticas de gobierno y oposición, como con los modos de resistencia y lugares específicos de acumulación de fuerza en estos momentos. Desarrollar todo esto es lo que completaría en nuestra opinión un documento más acabado sobre la situación que vivimos. El problema del “estado-crisis”, la “situación revolucionaria” como del “frankestein político y la crisis de representatividad”, por el papel central que juega el estado venezolano como lugar de distribución de renta y de comando político, inunda todo aquel resto que es mucho mas amplio e interesante, hasta llegar a los lugares donde se produce el proceso de transformación y de acumulación de fuerzas como tal. Partiendo de este eje explicativo central, dejamos a una mano mas amplia y colectiva los elementos que asomamos de manera esquematizada para que sean enriquecidos y se terminen de incluir los que se necesiten.
1. La fantasía del desarrollismo
El choque entre el desarrollismo capitalista y la formación de un mundo de iguales productivo, autogestionario y sustentable. Es la lucha entre el estado despótico y la democracia protagónica de la base. Un nuevo mundo y un viejo orden inflado y exaltado con nuevas palabras. Hay una lucha a la final entre comunidad, trabajadores y capital.
La homogeneización forzada de los tiempos de gestión: la reproducción bajo el desarrollismo del inconsciente estalinista, el criterio del “listo para mañana” violentando toda dinámica local y proceso de gestación de saberes y comunidad productiva y autogestionaria. Lo endógeno se vuelve propaganda. A la final, mucho trabajo –desde el lado honesto y de buena voluntad- con poca o ninguna eficiencia.
El modelo del “yo quiero que...”: el desarrollismo ineficiente desespera el mando pero no cambia el modelo ni se produce al menos reforma profunda de gobierno. Las políticas de gobierno mueren por inanición o sobreviven sostenidas del mito de la “renta infinita”, “la mayor reserva del mundo”, etc. Petróleo a 70 dólares.
Chávez el poderoso débil: mucha presencia, mucho mando, debilidad en la materialización real de ilusiones creadas. Se fortalece a la final la “contrarrevolución burocrática”, se debilita la autodeterminación social del proceso. Se agudiza la “esquizofrenia del movimiento popular” envuelta en su voluntad de autonomía y su realidad como sujeto administrado desde el poder.
La tendencia inevitable hacia la privatización: peligro a las puertas de la esquina de que esta ideología en avanzada del desarrollismo y sus consecuencias nos lleve a una privatización forzada de servicios y empresas públicas, como única alternativa. La “derecha bolivariana” aparecerá muy clara por allí.
El populismo cultural: esta derecha, el estalinismo ideológico y sus elegidos, se mueve muy bien en el sutil mundo cultural. La megacultura, su despilfarro, su corrupción, esconde un profundo desprecio a la producción, el desarrollo de infraestructura, el encuentro cultural real. Nudos interesantes de resistencia solo sobreviven en investigación y divulgación cultural y de información dentro de medios públicos.
El eventismo y la paranoia política: el mando mediatizado, solitario y desesperado, infla su presencia en un eventismo permanente que se reproduce en actos nacionales e internacionales manejados por las cortes de elegidos también de un inmenso despilfarro y manejo absolutamente burocrático. El discurso político oficialista se encierra al maniqueísmo escuálido-chavista, Bush-Chávez, desarmando así a los movimientos populares.
La desigualdad estructural se reproduce: el desarrollismo a la final lo que hace es conservar una estructura profundamente desigual de distribución. Un 70% de la renta productiva sigue cayendo en manos de la burguesía bancaria (principalmente), comercial, industrial y agraria. Pero igual produce un despilfarro y una corrupción tenebrosa dentro de los proyectos sociales de crédito. La trágica caída de “vuelvan caras”.
2. Venezuela, ella misma y el mundo: la trampa del nacionalismo antiimperialista
Antiimperialismo no es sólo “antibushismo”: el capital es ya un imperio dentro del cual estamos metidos y los mandatarios obligados a ser “cónsules” del mismo. No estamos fuera o en sus bordes, el imperialismo nos penetra por todos lados nos es externo. La “mano negra” encerrada en la Casa Blanca, es la vocería última en su versión más reaccionaria de un imperio que abarca Europa, Rusia, China, Japón (India y Brasil como nuevos candidatos) y el reinando de las instituciones imperiales (G8, FMI, OMC, etc.). Próximo paso: el biopoder tecnológico, el aparato militar omnipresente, la utopía nazi. Esta visión externa del imperio debilita mucho las estrategias de defensa, desarrollo e integración.
La lógica militarista se impone: ante la eventualidad de un imperio externo que “ataca” la nación soberana, se militariza la visión de defensa dejando de lado y excluyendo al nombrado “pueblo en armas”, a la multitud en resistencia. La “reserva” como ha sido concebida no aporta nada, no hay territorialización, ni autonomía, ni socialización de la defensa..
La falsa solución petrolera: la diplomacia petrolera en este esquema abre caminos pero no concluye, el resto del “bloque” latinoamericano lo que quiere es negocios. El “desbloqueo” se paga muy caro, la integración continental es solo mercado, el ALBA se pierde en la utopía. Y la misma industria petrolera vuelve al plan Giusti, solo que con nuevos mercados. Se negocia la eliminación de la Orimulsión (nuestra principal instrumento energético a futuro), se entrega la faja del Orinoco, el Delta, se aparta PDVSA de todo modelo “socialista” de desarrollo.
La invasión transnacional de fronteras: mientras se estrangula PDVSA igual se debilitan las fronteras con la colaboración de quienes garantizan las destrucciones ambientales, multiplican los contratos a transnacionales (carbón, oro, gas, forestal), penetran todo tipo de mafias militares, de drogas, de invasión. Doble juego estratégico que socava por entero la soberanía posible.
La ganancia imperioligárquica: agreguemos a esto el inmenso caudal de ganancias que hoy genera el sistema bancario en manos transnacionales, oligarquías económicas, contrabandistas, alimentadas por las dádivas del estado y el correaje financiero global. Todas las estructuras de generación de desigualdades y marginación social, explotación del trabajo, sigue por allí su curso saboteando toda la obra social de gobierno.
El dilema de las aguas y las tierras: por igual la labor de sustancia corrosiva del imperio real y no solo virtual, aplaza toda revolución agraria, dando tiempo a su “apertura” (la apertura de la tierra) y la inversión monoproductiva transnacional como sustituto negociado al latifundio. Los “territorios indígenas” no aparecen, vuelve el desarrollismo en las fronteras. Igual las aguas, y nuestras reservas en ellas, que a través de las leyes intentadas podrían seguir por el mismo camino.
La penetración del aparataje de inteligencia y soborno: la posibilidad de un avance “sin traumas” de todo este monstruo imperial interno se soporta mucho sobre sus aparatos de inteligencia, penetración, manejo de las “cortes de elegidos”, formación de sectas, pago y soborno, presente en todas sus versiones diplomáticas, corporativas, políticas, militares, religiosas, institucionales, científicas, culturales, mediáticas, ong’s, etc. El imperio es en gran parte un “aparato de captación”.
La verdad de Mariátegui: se prueba a la final la tesis de Mariátegui. No hay antiimperialismo posible sin revolución socialista. ¿Cuál es su marco territorial, sus sujetos, sus condiciones materiales, hoy en día?...
3. El fantasma de la derecha
La escuálida ilustrada: la derecha con fuerza de masas prácticamente desaparece después del referéndum como agente “fuera del sistema” y en conspiración reaccionaria contra él. Se dispersa entre sectores extremistas, abstencionistas, golpistas y magnicidas, y los que negocian su entrada triunfal en la “V República”. Gana terreno “la escuálida ilustrada, civilista, democrática”, la “otra izquierda”, la “otra derecha”, ambas centristas. Su entrada en la V es el nuevo pacto de dominio. La figura de Chávez es a la final el gran escollo a superar de ese pacto. La locura del magnicidio puede llegar a ser consenso, cualquier golpe no tiene bases, la invasión se ejerce por dentro no viene compulsivamente de afuera. Guerra fría y no caliente.
Se cabalga sobre el caos: un caos que ya no es engendrado por ella sino en operaciones de saboteo aisladas y sin plan central. El caos es del propio estado-crisis. El imperio guía muy bien a sus lacayos en la penetración institucional, el oposicionismo mediático, la promoción de nuevos líderes. El espectáculo caótico lo utilizarán mucho el año que viene. Gran parte del movimiento popular caerá otra vez en la trampa defensiva, fiesta para el oficialismo.
La recomposición de la derecha: la derecha se recompone entonces sobre dos frentes. Un frente político y formal civilista, aupado por todo el aparato mediático privado, el apoyo de la oligarquía y la estructura mínima de partidos. Su gran debilidad es el liderazgo con capacidad de competencia electoral, pero que siempre llegará. Y una derecha hegemónica que se mueve a nivel cultural (universidades y medios principalmente), institucional (penetración de estado, cuerpos represivas, aceleración de las estrategias regresivas legislativas) e ideopolítico (el fortalecimiento ideológico y de captación en los espacios de la tecnocracia y la derecha oficialista bolivariana).
4. Los verdaderos espacios de acumulación: la rebelión en proceso
El sujeto de acumulación y rebelión: hoy se mueve fundamentalmente en el movimiento popular no administrado (comunitario, obrero, campesino, movimiental, indígena, profesional), los ríos subterráneos patrióticos (militares, populares, bases partidarias chavistas) y los bolsones de resistencia a nivel institucional e intelectual. Es una hola creciente que se va convirtiendo poco a poco en multitud por la “crisis del estado-crisis” y la vigencia de la “situación revolucionaria”.
Los nudos de acumulación: esto se traduce en la formación de toda una industria invisible de fabricación revolucionaria que se arma en el terreno de la subjetividad, la cualificación de conciencia, las experiencias alternativas y los fortalecimientos orgánicos. Entre ellos están:
Los ríos patrióticos que se convierten en “militancia dura y dispuesta a todo, al lado del comandante”.
La construcción de una nueva subjetividad libertaria y solidaria que se va compenetrando con una subjetividad de guerra.
La transformación de la cotidianidad alienante y de opresión por una vida activa, hablante, debatiente de situaciones e ideas, de planificación colectiva, de producción cooperativa, de búsqueda de conocimientos, de control y lucha por los poderes reales.
Formación de grupos, redes y movimientos de “voz, imágenes y sonidos propios”, de militantes para educación popular y creación de nuevos saberes.
Reaparición de los “espacios de proclamación crítica” a nivel popular y círculos intelectuales y de asociaciones civiles.
Formación de movimientos de liberación territorial en zonas urbanas y de frontera (Zulia, Guayana, Apure). Caracas, primeros indicios de un “ejército de multitudes”.
Tendencia a la formación de las primeras redes de producción asociativa y socializante (comunidades autogestionarias).
Reactualización de la movilización masiva autónoma y revolucionaria.
Emergencia de primeros poderes populares, (contralores, planificadores, de mando democrático y colectivo sobre instituciones locales, de apropiación de tierras e industrias, de asambleas de calle y de barrio), como de procesos populares constituyentes en algunos municipios.
Generación de experiencias a nivel de control obrero y renacimiento paulatino de un sindicalismo clasista. Reorganización de la “constituyente petrolera”.
Sostenimiento de los nudos de hegemonía y resistencia a nivel estatal.
Creación de grupos de base para la pelea por la representación institucional sin liderazgo carismático, ni oportunismo (o terrorismo) grupal, ni aparatismo partidario, tendientes a la democratización del espacio electoral.
Reencuentro con el espacio nuestroamericano y mundial de resistencia y liberación. Tendencia a la compenetración y formación de tejidos internacionalistas de solidaridad y lucha.
La tendencia de todo esto: a pesar de la dispersión y pocos lugares síntesis de todos estos nudos de acumulación, es evidente que “el plan revolucionario de 25 años” o como quiera entenderse no podrá avanzar sin un gran “choque de trenes” entre el pacto de dominación en formación y todo este “movimiento-ejército de multitudes” en proceso de constitución desde la base y la conciencia noble y de lucha que tanto se ha acrecentado. El imperio vigila y actúa sobre la situación. Dentro de todo este contexto: ¿será posible terminar de cuajar la razón histórica del M13A?...la misión está clarita.
NOTA: Si su planteamiento es largo y la sección de comentario es insuficiente, envialo a movimiento13deabril@hotmail.com o a yosmaryderausseo25@yahoo.com y se publicará a la brevedad)
(Documento de carácter interno para la discusión PREASAMBLEARIA del PNA-M13A a celebrarse en Aroa - Yaracuy, estado Lara el 21, 22 y 23 de Octubre)

I. ARGUMENTO EXPLICATIVO
1. El “estado-crisis” y la “situación revolucionaria”
No estamos pretendiendo ningún análisis acabado de una situación arto compleja que viene sufriendo cambios permanentes y continuos. Lo que importa a nuestro parecer es reconocer, primero, algunas tendencias centrales dentro de una situación clásica de “estado-crisis” (de la que hacen referencia los autonomistas italianos en los años setenta). Es decir, aquel momento en donde el estado (independientemente de los líderes, del “formato constitucional” y los pactos sociales que garantizan su estabilidad) como centro de autoridad y organización de una sociedad estructurada a partir del despotismo capitalista entra en crisis, constata el resquebrajamiento de su autoridad, y comienza a cubrir el periplo de quien intenta a la vez transformarse a sí mismo y la sociedad que comanda, ya que de otra manera sería ella misma desde el hacer de los más miserables quien terminaría haciendo lo indispensable. Se convierte entonces en el punto de convergencia de todas las ilusiones y los odios, reclamándose para sí el papel de la trascendencia divina: “creo, recreo, conduzco, castigo, premio, soy el grito del excluido y la garantía de la rico”. El “estado-crisis”, siendo una fórmula de salvación del poder, por estas tierras tenderá a ser muy amado por la pedantería burocrática y partidista, defendido a ultranza y hasta convenga por las luces de una corrupción salvaje, atacado hasta más no poder, pero a la calladita muy bien aprovechado por oligarcas e imperios, defendido en sus ilusiones propias por el más pobre, pero igual odiado hasta la desesperación.
Estamos envueltos por esta situación de crisis de la maquinaria de estado como cuerpo político de las clases dominantes, sólo que en este caso este mismo se ha visto obligado ha acelerar los procesos de cambio por la apertura de una “situación revolucionaria” (vista desde la perspectiva que hace referencia Lenin en “Las Tesis de Abril”: cuando se presentan las condiciones tanto subjetivas como objetivas, políticas y sociales para una ruptura del orden constituido) que desde hace más de 15 años no hace más que tocar la puerta de los nuevos tiempos y exigir un desenlace definitivo. Los líderes centrales (centralísimo el papel de Chávez por supuesto) pero también todo el universo de sectores y organizaciones sociales y políticas que giran alrededor del “movimiento bolivariano” surgido desde esta situación, terminamos amarrados a esta crisis de fondo, jugando papeles distintos que muchas veces ni entendemos, determinados por la evolución de las cosas y por el lado en que estamos situados dentro la inmensa confrontación de clases que supone la apertura de la crisis y la “situación revolucionaria” que la acompaña. Son momentos típicos en donde la multiplicación de experiencias e ideas, curiosamente tienden a empañar las luces mas sabias de los pueblos, fruto de nuestras viejas herencias de lucha y las sapiencias que se acumularon en ellas.
Aunque a la final siempre surgirán eventos y pequeños destellos de conciencia que nos permiten por los momentos aclarar algunos puntos básicos para la comprensión de la situación que vivimos. Puntualicemos al menos algunos:
Primero: que de verdad en nuestro caso esta es una crisis de fondo, que despierta a partir de la rebelión social que estalla progresivamente a partir de los años ochenta producto de la huída o desmantelamiento de todo un acumulado de riquezas y dinero concentradas a lo largo de casi un siglo de monoproducción petrolera controlada por intereses corporativos transnacionales y el dominio tanto de una burguesía como de una burocracia parasitarias y complacientes entre sí. Pero ella se instala definitivamente entre nosotros desde el momento en que el intento por un imponer el modelo neoliberal por acá fracasa por completo desde del 27F-89, desmoronándose los pilares sociales, políticos e ideológicos que sostuvieron al “pacto de puntofijo”. Una crisis tan honda que no podrá ser superada desde una perspectiva revolucionaria por el voluntarismo de nadie, ni de grandes líderes ni siquiera de algún auténtico gobierno revolucionario, que incluso en el caso de que lo hubiese, terminaría ahogado en la vorágine de la situación. Se necesita entonces de la confluencia de toda una multitud de voluntades que abran perspectivas de articulación y lucha sustentándose en su propia autonomía, su fuerza movilizadora y organizativa, su experiencia y acumulados propios, su capacidad defensiva, subversiva y productiva, y en una mirada estratégica que trascienda los límites de la politiquería electoral y las ilusiones mentirosas del nacionalismo. Una crisis tan honda que desde el punto de vista social tardará décadas para poder enfrentarla al menos en la miseria que ha dejado, pero que necesita de un desenlace, incluso dentro del limitado cuadro nacional en que vivimos, mucho más pronto y real, tomando en cuando la oscuridad de la situación política que aún impera. Es el gran problema de lo que hoy llaman la creación del “sujeto revolucionario”, cosa que aún no termina de constituirse e irrumpir.
Segundo: que inevitablemente, en la medida en que se desarrollan las fuerzas populares producto del clima democrático abierto y se derrotan al menos los primeros estallidos de la contraofensiva reaccionaria, natural a todos estos procesos, se tratará de imponer una nueva oligarquía política, descaradamente oportunista, sin bases, ni historia, ni ética, que se aprovechará de los ventarrones de la crisis y tomará para sí los ideales surgidos por la irrupción de la “situación revolucionaria” como mecanismo de control político y social, como de reversión histórica del proceso revolucionario abierto. En nuestro caso esto estará muy ligado a la profundización del clientelismo político concentrado en el nuevo “status oficialista”, la inversión de la normativa progresista, fruto del proceso constituyente, por una legalidad cada vez mas reaccionaria y neoliberal, una tendencia permanente al caos institucional y el saboteo de políticas transformadoras, una corrupción que se generaliza a todo nivel, un acercamiento cada vez más evidente entre burguesía y estos sectores del nuevo status (nuevo pacto de dominación), la negociación de las grandes líneas de desarrollo con el capital transnacional (evidente en el campo energético), y finalmente la apelación al viejo “estado de represión” que se verán forzados a revivirlo.
Tercero: que independientemente de los discursos, las políticas, y los nuevos horizontes revolucionarios que se abran en el papel, particularmente por boca y dirección de Chávez, esta es una tendencia inevitable que traerá consigo el acrecentamiento de los conflictos de clases que han llegado, dada la profundidad de la crisis, a nivel del poder y las líneas políticas de estado. Así como esto no depende de individuos y voluntarismos políticos, tampoco lo tapa la radicalidad de los horizontes con que se trabaja desde los lugares proféticos del poder. Hay leyes de hierro en la historia, sobretodo cuando se quiere transformarla, y hasta nuevo aviso seguro que no seremos nosotros los que acabemos con ellas. Se abre por tanto un tiempo muy duro de resolver y más si tomamos conciencia del inmenso espacio de dominio que ya detenta este nuevo “status oficialista”, el imperio capitalista que lo oxigena, y los niveles de “entrega inocente” con que nos hemos movido en todos estos años de esfuerzo en las bases populares buscando construir una transición victoriosa. Ya no existen ni ideologías ni fórmulas mágicas que nos resuelvan el camino. El pueblo que mira con agudeza, hace conciencia de sí y de todos y se dispone a luchar, es nuestro único puente de salvación. Pero desde éste tiene que nacer algo mas que una espera ilusionada o un espontaneísmo utópico; es imprescindible la conversión de sus fuerzas mas dispuestas en una vasto ejército de multitudes, en movimiento de muchos que marquen el nacimiento de una verdadera vanguardia colectiva.
Cuarto: que más allá de toda situación interna que en sí misma puede llegar a ser, y de hecho lo ha sido, por lo conflictiva que se quiera, estamos atrapados dentro de una situación mundial que nos impide pensar en la posibilidad de lograr cualquier cosa encerrados en nuestro mundo nacional. El gran conflicto mundial que se ha abierto con la formación de un verdadero “imperio mundial” dentro del cual estamos metidos y sometidos constituye una suerte de “guerra civil” permanente entre las poblaciones del mundo en resistencia y los principales aparatos de guerra de este imperio: militares, mediáticos, corporativos. Dos visiones y dos lógicas se abren para enfrentar esta situación desde un punto de vista revolucionario.
La primera insistirá en el principio absoluto de la soberanía nacional como mecanismo de resistencia y emancipación. Tendrá entonces como objetivo fundamental conquistar los mecanismos de poder necesarios dentro del “estado-crisis” para acelerar la situación revolucionaria, enfrentar al imperialismo y construir una sociedad distinta, nuevamente llamada “socialista”. Fundamental entonces el juego de alianzas y de fuerza que se haga al interno del país como de las maniobras geopolíticas que se produzcan para salir del aislamiento y formar bloques de fuerza continentales e internacionales que debiliten la fuerza imperial y unipolar centrada hoy en los EEUU, y permitan la formación de un mundo “multipolar”. La segunda guardará esta opción a las ilusiones de un pasado lleno de heroísmos y grandiosos movimientos de liberación pero fracasado. Tomará el cuadro nacional como plataforma, como afianzamiento de identidad, como territorio de partida, como rebelión original del pueblo habitante en sus fronteras, pero dirigido fundamentalmente a la articulación y el fortalecimiento de la resistencia y la liberación global, que es de los pueblos sustancialmente (de sus comunidades y clases explotadas en lucha, de la fuerza subversiva, productiva y constituyente que de ellos nazca) y no de los estados nacionales. En la primera nos quedamos atados a las premisas que impuso la tercera internacional y la socialdemocracia a la lucha nacional y mundial, con la segunda pareciera que rescatamos los orígenes genuinos de las rebeliones de los pueblos nuestroamericanos en el siglo XVIII, como de aquellos obreros revolucionarios europeos que en el siglo XIX abrieron la conciencia libertaria al mundo y una nueva era para la humanidad.
2. El frankestein político y la crisis de representatividad
Antes para aclarar. Seguimos ahora ubicando un fenómeno central, el de la representación. También hubiésemos podido partir de cualquier otro (el desplazamiento de las contradicciones desde el referéndum para acá, por ejemplo). Uno como otro nos pueden servir de insumos a lo que buscamos, no obstante ese gran lío que vivimos donde se mezcla Chávez, partidos, burocracia, oligarquías, imperios, movimientos populares, entre guerras, conflictos y encuentros, dentro del estado-crisis nos llevan a tomar ese problema de la representación como el más idóneo y útil para avanzar en el análisis, por tratarse de un nudo crítico que la gente lo invoca a gritos en todos los rincones y reuniones de este país.
El “estado-crisis”, para sobrevivir y superarse ha necesitado históricamente de agentes políticos realmente representativos (de izquierda y derecha) al menos dentro de la formalidad de las relaciones de poder que supone la estructura de una sociedad capitalista y liberal, estando en capacidad de conducir la salida de la crisis. Sin embargo, por estos lados del mundo definitivamente los partidos que han tomado para sí la “representación del proceso” (MVR, PPT, Podemos, principalmente), hijos del camino electoral y el modelo miquelenista con que fue abordado en el 97, viven ellos mismos una crisis profunda de su propia representatividad. Muy pocos de lo que hemos llamado “pueblo bolivariano”, incluidas gran parte de sus bases orgánicas, ven en ellos instrumentos de mediación institucional y participación política. Ya no movilizan, ni siquiera convocan desde sí mismos a la participación electoral. Fatalmente se han convertido en “maquinarias de ocupación y control” de los espacios populares en proceso de gestación, al mismo tiempo que reproducen la clásica presencia clientelar fácil de establecer en una sociedad donde reinan las carencias y la cultura política del populismo. Ni le sirven al viejo orden y mucho menos al orden naciente. Nadie espera en ellos encontrar el espacio de una dirección colectiva de la revolución, ni una vanguardia revolucionaria a la altura de los tiempos, ni siquiera la vieja disposición de sacrificio del viejo militante. Y en cuanto a la sociedad en su conjunto, ni hablar de la derecha partidaria que ya no encuentra bases reales sino en lo último de su vieja militancia, o los sectores activos de la reaccionaria y ultraminoritaria “sociedad civil”. Su presencia real ya se reduce a lo espectral y mediático (que nos es poco pero nunca suficiente), guardando un gran potencial electoral en la burguesía y la clase media pero destrozados, luego de su derrota en el referéndum, sus lugares de convergencia política.
Pero esta crisis de la representatividad no solo se vive dentro de las fórmulas tradicionales de representación política. Igual la encontraremos a nivel social donde no han terminado de surgir los movimientos sociales y socio-políticos que de alguna manera representen en su decir y hacer algún sector sustancial del espacio popular (comunidades, sector obrero y trabajador, campesino, indígena, cooperativista). Mas que una crisis de algo ya constituido, aquí vivimos la ausencia de lugares síntesis amplios y fuertes que tengan la capacidad de hacerse voceros de estos mundos. Surgen mas bien, luego del fracaso por imponer esa síntesis desde arriba (donde tenemos el caso de los Círculos Bolivarianos como el más triste) una infinidad de conjuntos de organización, de frentes y redes locales, espacios de coordinación nacional: CTU, ANMCLA, FCEZ, UNT, como de movimientos regionales: movimiento indígena del Perijá, Federación de pequeños mineros de Bolívar, que empiezan a llenar parte de este vacío y hacerse voceros de demandas y necesidades centrales dentro de los más oprimidos, sirviendo también a la articulación de las nuevas prácticas, sujetos sociales y poderes de base que han surgido con el proceso.
E igual afloran intentos de competencia electoral por parte de pequeños movimientos y partidos que tienden a radicalizar el mensaje chavista-bolivariano, como hemos visto en las últimas elecciones con algún éxito negociante o al menos numérico en los votos que terminaron reconociéndoles (PCV, Mobare, Tupamaros, UPV). Sin embargo, estamos hablando de espacios sociales y políticos que no tienen ninguna posibilidad de llenar y superar la crisis del bloque partidario central, ya sea porque se inscriben en una lógica antagónica a lo que estos “representan” (caso de los movimientos sociales en formación) o por su debilidad endémica como grupos políticos que muchas veces reproducen la misma lógica electorera e impositiva de sus competidores mayores.
Ahora, independientemente de las alternativas buscadas, esta crisis de representatividad no solo refleja una crisis general y mundial del modelo clásico moderno de representación y soberanía, también nos explica un conjunto de hechos que tienen una importancia capital dentro del devenir del proceso. Ubicamos al menos tres extremadamente importantes.
1. El hombre sin diálogo: esta circunstancia de “vacío de representatividad” dentro de un proceso político tremendamente intenso y que ha conservado las matrices básicas de la democracia representativa y el estado burgués, ha extremado en forma descomunal la condición caudillezca (bonapartista dirán otros) de donde nace el liderazgo carismático de Chávez. Chávez se convierte en un poder en sí mismo desde el cual salen todas las propuestas, giran todas las negociaciones y se ubican todas las demandas. Incluso, la protesta, ya no solo de la reacción sino de los sectores populares, tienen un sitio último de llegada que es él, e igual, todas las culpas empiezan desde este lado a tocarlo aunque su inocencia sigue siendo la matriz con que se mueve la mayoría que lo apoyamos. La fortaleza primera se convierte ahora en debilidad del proceso, tanto que es un problema para Chávez ponerse al frente de una asamblea abierta y multitudinaria, ya que la suma de gritos de descontento inmediatamente estallan haciendo imposible el encuentro armonioso. Su liderazgo se convierte entonces en un liderazgo obligado a encerrarse en lo mediático (salvo los mítines, mucho mas escasos después del referéndum), y su condición de dirigente, en dirigente absoluto, sin diálogo real, sin lugar de referencia y debate colectivo, sin información y opinión que lo interpele. Dirigente incuestionable y solitario, rodeado por la sumisión y el “jalabolísmo”, que solo tendrá al “comandante mayor” Fidel, de referencia paternal de autoridad. Fragilidad y soledad en la que por cierto nunca se encerró el viejo comandante, a pesar de él mismo probablemente.
2. El fantasma de la dirección colectiva: tal situación de fragilidad corre por supuesto sobre el fenómeno básico comentado: la inexistencia de niveles importantes de dirección colectiva y autónoma en cualquier nivel, que necesariamente superen el representativismo burgués, los totalitarismos de “partido único”, y se remonten sobre las demandas y dinámicas que nacen de la propia “situación revolucionaria”. La ausencia de ellas, o la inexistencia así sea de una izquierda representativa y auténtica en su ética, su acción social y principios políticos, hace patética la situación ya que una cosa refuerza la otra. O al revés, se tienden a formar cosas tan oscuras y ridículas como la actual “Dirección Política Nacional” –hoy en pie- que luego de otras fracasadas esta ya ni siquiera se presenta públicamente ante nadie por la ausencia total de legitimidad y consenso que la sustente. Esto también rebota sobre la mayoría de las organizaciones populares que se impiden a sí mismas autonomizarse y construir niveles más sólidos de dirección colectiva y crítica, por la propia presión psicológica de lo que implica esta “moral de lealtad absoluta” y no de “compromiso mutuo”. Serán algunas voces aisladas identificadas con el proceso (destaquemos la de Lusby Portillo en el Zulia), o cuando mucho alguna declaración de los dirigentes clasistas de la UNT (por ejemplo la declaración de Chirinos criticando a Chávez por el envío de petróleo a Ecuador en pleno paro petrolero y estado en sitio en Sucumbíos) las que saltan sin la continuidad y fuerza necesarias.
El gran peligro que se presenta, al contrario de lo que suponen algunos “libertarios” y neoliberales (para ellos es el problema del totalitarismo y el autoritarismo centrados en la “dictadura de Chávez y el chavismo”, la “izquierda borbónica” como dirá Teodoro), es que todo esto facilita la formación de estos “status oficialistas” igualmente inapelables, que constituyen una suerte de “corte de elegidos”, sin lugar ni legitimidad, que contradicen todos los valores radicalmente democráticos en los que se inspira el proceso y las prácticas populares que se fraguan desde la base. E igual, por la aberración que esto implica, tarde o temprano desde el fragor de las luchas reales y las contradicciones de fondo, ese “fantasma de la dirección colectiva” dentro de una dinámica socio-política y no burguesa de la representación, terminarán apareciendo desde diversos puntos y lugares de organización (plataformas de lucha las hemos llamado) promoviendo la autodeterminación social de este proceso y la profundización concreta de la revolución (algo para lo cual trabajamos y le da sentido a la formación del movimiento). Corre en medio de todo el gran riesgo de la confrontación antes de todo tiempo y necesidad entre este –estos- y el liderazgo de Chávez, el escenario perfecto para que se cuele el famoso “chavismo sin Chávez”, dirigido por la misericordiosa “corte de elegidos” e “ilustres escuálidos” democráticos y civilistas, buscando su victoria total y el fin de toda revolución posible. Sin que falte por supuesto la bota del imperio acercándose y penetrando por nuestras debilitadas fronteras y utilizando todas sus caretas, para imponer su gendarmería vigilante y comandante ante el desorden que han provocado unos loquitos en su alzada colonia petrolera. Ese si puede ser un enfrentamiento necesario e inevitable. El dilema para todos los que tenemos un compromiso jurado con la vida, incluso para Chávez, es a quienes se elige de enemigos definitivos y como se los enfrenta.
3. El monstruo institucional: bajamos ahora a las consecuencias que impregna el espacio institucional. No es necesario recordar lo que han sido y siguen siendo las instituciones del estado venezolano, sólo que el “estado-crisis”, en su versión criolla, las ha llevado a su peor momento de ineficiencia y corrupción. El problema que se suma en medio de esta crisis es que el modelo de mando que representa Chávez, se riega hacia abajo en su versión “innoble”. La arbitrariedad, la marginación de la militancia y el conocimiento crítico, los círculos de incondicionales, convierte el problema de las mediaciones institucionales en un laberinto infernal de fracciones y reyezuelos donde tienden a morir muchas de las grandes líneas de acción que positivamente salen de las disposiciones progresivas del gobierno. Incluidos muchos de los mandos medios de gobierno, como de las instituciones parlamentarias, fiscales, financieras, contraloras, electorales, judiciales (y ni hablar de la mayoría de las empresas de estado, o en una PDVSA que regresa a la cueva de la ”caja negra”, la corrupción y el nepotismo) estas se convierten en un aparato descaradamente contrarrevolucionario y de sabotaje al proceso (un realero de recursos para todo, una burocracia insoportable, una ineficiencia descomunal, un soborno y una injusticia permanente, una tecnocracia igual de ignorante y elitesca), donde sobreviven islotes de hegemonía patriótica y progresista por decir, sin mucha fuerza dentro del contexto general. Un monstruo arrogante y antidemocrático se ha creado hablando de democracia participativa y revolución, sostenido en los personajes que desde arriba avalan sus mandos y una abismal desigualdad salarial y de acceso general a recursos que le da su poder material.
Y en la medida en que vamos bajando hacia los poderes regionales y locales, o nos vamos hacia otros mandos transversales, principalmente policiales y sectores militares, en vez de suavizarse el problema se agudiza, degenerando hacia la formación de sicariatos policiales, mercenarios de contratos, la aparición de los “nuevos ricos de la revolución”, la infiltración del paramilitarismo y el narcotráfico, la plaga represiva que vuelve a nacer, hasta llegar a los lugares inauditos donde se funde todo este monstruo con los grupos conspirativos, golpistas y magnicidas. ¿Qué autoridad colectiva va parar esto? Es evidente que ya es muy tarde para el “estado-crisis” gestarla desde sí mismo. De éste solo esperemos la salida por el lado de las cortes de elegidos, la escuálidad ilustrada y la gendarmería imperial, para poner orden final. Siguiendo las consejas de Chávez, sólo el camino revolucionario sigue siendo la salida. Nuevamente nos topamos con el problema de las síntesis de fuerza y la estrategia.
II. ESQUEMA A DESARROLLAR
De esta situación se pueden ir derivando otros temas que tienen que ver con los modos y políticas de gobierno y oposición, como con los modos de resistencia y lugares específicos de acumulación de fuerza en estos momentos. Desarrollar todo esto es lo que completaría en nuestra opinión un documento más acabado sobre la situación que vivimos. El problema del “estado-crisis”, la “situación revolucionaria” como del “frankestein político y la crisis de representatividad”, por el papel central que juega el estado venezolano como lugar de distribución de renta y de comando político, inunda todo aquel resto que es mucho mas amplio e interesante, hasta llegar a los lugares donde se produce el proceso de transformación y de acumulación de fuerzas como tal. Partiendo de este eje explicativo central, dejamos a una mano mas amplia y colectiva los elementos que asomamos de manera esquematizada para que sean enriquecidos y se terminen de incluir los que se necesiten.
1. La fantasía del desarrollismo
El choque entre el desarrollismo capitalista y la formación de un mundo de iguales productivo, autogestionario y sustentable. Es la lucha entre el estado despótico y la democracia protagónica de la base. Un nuevo mundo y un viejo orden inflado y exaltado con nuevas palabras. Hay una lucha a la final entre comunidad, trabajadores y capital.
La homogeneización forzada de los tiempos de gestión: la reproducción bajo el desarrollismo del inconsciente estalinista, el criterio del “listo para mañana” violentando toda dinámica local y proceso de gestación de saberes y comunidad productiva y autogestionaria. Lo endógeno se vuelve propaganda. A la final, mucho trabajo –desde el lado honesto y de buena voluntad- con poca o ninguna eficiencia.
El modelo del “yo quiero que...”: el desarrollismo ineficiente desespera el mando pero no cambia el modelo ni se produce al menos reforma profunda de gobierno. Las políticas de gobierno mueren por inanición o sobreviven sostenidas del mito de la “renta infinita”, “la mayor reserva del mundo”, etc. Petróleo a 70 dólares.
Chávez el poderoso débil: mucha presencia, mucho mando, debilidad en la materialización real de ilusiones creadas. Se fortalece a la final la “contrarrevolución burocrática”, se debilita la autodeterminación social del proceso. Se agudiza la “esquizofrenia del movimiento popular” envuelta en su voluntad de autonomía y su realidad como sujeto administrado desde el poder.
La tendencia inevitable hacia la privatización: peligro a las puertas de la esquina de que esta ideología en avanzada del desarrollismo y sus consecuencias nos lleve a una privatización forzada de servicios y empresas públicas, como única alternativa. La “derecha bolivariana” aparecerá muy clara por allí.
El populismo cultural: esta derecha, el estalinismo ideológico y sus elegidos, se mueve muy bien en el sutil mundo cultural. La megacultura, su despilfarro, su corrupción, esconde un profundo desprecio a la producción, el desarrollo de infraestructura, el encuentro cultural real. Nudos interesantes de resistencia solo sobreviven en investigación y divulgación cultural y de información dentro de medios públicos.
El eventismo y la paranoia política: el mando mediatizado, solitario y desesperado, infla su presencia en un eventismo permanente que se reproduce en actos nacionales e internacionales manejados por las cortes de elegidos también de un inmenso despilfarro y manejo absolutamente burocrático. El discurso político oficialista se encierra al maniqueísmo escuálido-chavista, Bush-Chávez, desarmando así a los movimientos populares.
La desigualdad estructural se reproduce: el desarrollismo a la final lo que hace es conservar una estructura profundamente desigual de distribución. Un 70% de la renta productiva sigue cayendo en manos de la burguesía bancaria (principalmente), comercial, industrial y agraria. Pero igual produce un despilfarro y una corrupción tenebrosa dentro de los proyectos sociales de crédito. La trágica caída de “vuelvan caras”.
2. Venezuela, ella misma y el mundo: la trampa del nacionalismo antiimperialista
Antiimperialismo no es sólo “antibushismo”: el capital es ya un imperio dentro del cual estamos metidos y los mandatarios obligados a ser “cónsules” del mismo. No estamos fuera o en sus bordes, el imperialismo nos penetra por todos lados nos es externo. La “mano negra” encerrada en la Casa Blanca, es la vocería última en su versión más reaccionaria de un imperio que abarca Europa, Rusia, China, Japón (India y Brasil como nuevos candidatos) y el reinando de las instituciones imperiales (G8, FMI, OMC, etc.). Próximo paso: el biopoder tecnológico, el aparato militar omnipresente, la utopía nazi. Esta visión externa del imperio debilita mucho las estrategias de defensa, desarrollo e integración.
La lógica militarista se impone: ante la eventualidad de un imperio externo que “ataca” la nación soberana, se militariza la visión de defensa dejando de lado y excluyendo al nombrado “pueblo en armas”, a la multitud en resistencia. La “reserva” como ha sido concebida no aporta nada, no hay territorialización, ni autonomía, ni socialización de la defensa..
La falsa solución petrolera: la diplomacia petrolera en este esquema abre caminos pero no concluye, el resto del “bloque” latinoamericano lo que quiere es negocios. El “desbloqueo” se paga muy caro, la integración continental es solo mercado, el ALBA se pierde en la utopía. Y la misma industria petrolera vuelve al plan Giusti, solo que con nuevos mercados. Se negocia la eliminación de la Orimulsión (nuestra principal instrumento energético a futuro), se entrega la faja del Orinoco, el Delta, se aparta PDVSA de todo modelo “socialista” de desarrollo.
La invasión transnacional de fronteras: mientras se estrangula PDVSA igual se debilitan las fronteras con la colaboración de quienes garantizan las destrucciones ambientales, multiplican los contratos a transnacionales (carbón, oro, gas, forestal), penetran todo tipo de mafias militares, de drogas, de invasión. Doble juego estratégico que socava por entero la soberanía posible.
La ganancia imperioligárquica: agreguemos a esto el inmenso caudal de ganancias que hoy genera el sistema bancario en manos transnacionales, oligarquías económicas, contrabandistas, alimentadas por las dádivas del estado y el correaje financiero global. Todas las estructuras de generación de desigualdades y marginación social, explotación del trabajo, sigue por allí su curso saboteando toda la obra social de gobierno.
El dilema de las aguas y las tierras: por igual la labor de sustancia corrosiva del imperio real y no solo virtual, aplaza toda revolución agraria, dando tiempo a su “apertura” (la apertura de la tierra) y la inversión monoproductiva transnacional como sustituto negociado al latifundio. Los “territorios indígenas” no aparecen, vuelve el desarrollismo en las fronteras. Igual las aguas, y nuestras reservas en ellas, que a través de las leyes intentadas podrían seguir por el mismo camino.
La penetración del aparataje de inteligencia y soborno: la posibilidad de un avance “sin traumas” de todo este monstruo imperial interno se soporta mucho sobre sus aparatos de inteligencia, penetración, manejo de las “cortes de elegidos”, formación de sectas, pago y soborno, presente en todas sus versiones diplomáticas, corporativas, políticas, militares, religiosas, institucionales, científicas, culturales, mediáticas, ong’s, etc. El imperio es en gran parte un “aparato de captación”.
La verdad de Mariátegui: se prueba a la final la tesis de Mariátegui. No hay antiimperialismo posible sin revolución socialista. ¿Cuál es su marco territorial, sus sujetos, sus condiciones materiales, hoy en día?...
3. El fantasma de la derecha
La escuálida ilustrada: la derecha con fuerza de masas prácticamente desaparece después del referéndum como agente “fuera del sistema” y en conspiración reaccionaria contra él. Se dispersa entre sectores extremistas, abstencionistas, golpistas y magnicidas, y los que negocian su entrada triunfal en la “V República”. Gana terreno “la escuálida ilustrada, civilista, democrática”, la “otra izquierda”, la “otra derecha”, ambas centristas. Su entrada en la V es el nuevo pacto de dominio. La figura de Chávez es a la final el gran escollo a superar de ese pacto. La locura del magnicidio puede llegar a ser consenso, cualquier golpe no tiene bases, la invasión se ejerce por dentro no viene compulsivamente de afuera. Guerra fría y no caliente.
Se cabalga sobre el caos: un caos que ya no es engendrado por ella sino en operaciones de saboteo aisladas y sin plan central. El caos es del propio estado-crisis. El imperio guía muy bien a sus lacayos en la penetración institucional, el oposicionismo mediático, la promoción de nuevos líderes. El espectáculo caótico lo utilizarán mucho el año que viene. Gran parte del movimiento popular caerá otra vez en la trampa defensiva, fiesta para el oficialismo.
La recomposición de la derecha: la derecha se recompone entonces sobre dos frentes. Un frente político y formal civilista, aupado por todo el aparato mediático privado, el apoyo de la oligarquía y la estructura mínima de partidos. Su gran debilidad es el liderazgo con capacidad de competencia electoral, pero que siempre llegará. Y una derecha hegemónica que se mueve a nivel cultural (universidades y medios principalmente), institucional (penetración de estado, cuerpos represivas, aceleración de las estrategias regresivas legislativas) e ideopolítico (el fortalecimiento ideológico y de captación en los espacios de la tecnocracia y la derecha oficialista bolivariana).
4. Los verdaderos espacios de acumulación: la rebelión en proceso
El sujeto de acumulación y rebelión: hoy se mueve fundamentalmente en el movimiento popular no administrado (comunitario, obrero, campesino, movimiental, indígena, profesional), los ríos subterráneos patrióticos (militares, populares, bases partidarias chavistas) y los bolsones de resistencia a nivel institucional e intelectual. Es una hola creciente que se va convirtiendo poco a poco en multitud por la “crisis del estado-crisis” y la vigencia de la “situación revolucionaria”.
Los nudos de acumulación: esto se traduce en la formación de toda una industria invisible de fabricación revolucionaria que se arma en el terreno de la subjetividad, la cualificación de conciencia, las experiencias alternativas y los fortalecimientos orgánicos. Entre ellos están:
Los ríos patrióticos que se convierten en “militancia dura y dispuesta a todo, al lado del comandante”.
La construcción de una nueva subjetividad libertaria y solidaria que se va compenetrando con una subjetividad de guerra.
La transformación de la cotidianidad alienante y de opresión por una vida activa, hablante, debatiente de situaciones e ideas, de planificación colectiva, de producción cooperativa, de búsqueda de conocimientos, de control y lucha por los poderes reales.
Formación de grupos, redes y movimientos de “voz, imágenes y sonidos propios”, de militantes para educación popular y creación de nuevos saberes.
Reaparición de los “espacios de proclamación crítica” a nivel popular y círculos intelectuales y de asociaciones civiles.
Formación de movimientos de liberación territorial en zonas urbanas y de frontera (Zulia, Guayana, Apure). Caracas, primeros indicios de un “ejército de multitudes”.
Tendencia a la formación de las primeras redes de producción asociativa y socializante (comunidades autogestionarias).
Reactualización de la movilización masiva autónoma y revolucionaria.
Emergencia de primeros poderes populares, (contralores, planificadores, de mando democrático y colectivo sobre instituciones locales, de apropiación de tierras e industrias, de asambleas de calle y de barrio), como de procesos populares constituyentes en algunos municipios.
Generación de experiencias a nivel de control obrero y renacimiento paulatino de un sindicalismo clasista. Reorganización de la “constituyente petrolera”.
Sostenimiento de los nudos de hegemonía y resistencia a nivel estatal.
Creación de grupos de base para la pelea por la representación institucional sin liderazgo carismático, ni oportunismo (o terrorismo) grupal, ni aparatismo partidario, tendientes a la democratización del espacio electoral.
Reencuentro con el espacio nuestroamericano y mundial de resistencia y liberación. Tendencia a la compenetración y formación de tejidos internacionalistas de solidaridad y lucha.
La tendencia de todo esto: a pesar de la dispersión y pocos lugares síntesis de todos estos nudos de acumulación, es evidente que “el plan revolucionario de 25 años” o como quiera entenderse no podrá avanzar sin un gran “choque de trenes” entre el pacto de dominación en formación y todo este “movimiento-ejército de multitudes” en proceso de constitución desde la base y la conciencia noble y de lucha que tanto se ha acrecentado. El imperio vigila y actúa sobre la situación. Dentro de todo este contexto: ¿será posible terminar de cuajar la razón histórica del M13A?...la misión está clarita.
NOTA: Si su planteamiento es largo y la sección de comentario es insuficiente, envialo a movimiento13deabril@hotmail.com o a yosmaryderausseo25@yahoo.com y se publicará a la brevedad)

