martes, 11 de octubre de 2005

Argentina: Construyendo para la revolución socialista

Publicación de Militancia Comunista
Año 2 - Número 8 - Octubre 2005


Editorial

Por la construcción de un Movimiento Político Revolucionario

Desde estas páginas venimos insistiendo en la necesidad de construir lo que, a nuestro entender, constituye la principal tarea de la etapa: un Movimiento Político Revolucionario. Esta tarea, cuya magnitud nos excede, requiere no obstante de una determinación y una práctica consecuente de nuestra parte para llevarla adelante.

La inexistencia de una alternativa popular revolucionaria es el talón de Aquiles del movimiento obrero y popular. Al mismo tiempo, es la principal causa por la cual las clases dominantes pueden continuar con su hegemonía, sin cuestionamientos que la pongan en jaque. Comenzar a revertir esta situación es el imperativo de los tiempos presentes.

Somos miles los que en nuestra Patria aspiramos a ser protagonistas activos de un proceso revolucionario que se proponga contribuir a que las masas autoorganizadas derrotemos el poder de la burguesía y el imperialismo. Son esas mismas voluntades las que aspiramos a que en dicho proceso pongamos en marcha la construcción de un nuevo poder del pueblo y una nueva sociedad, el socialismo.

La dispersión de la que somos parte, proceso que aún está en curso, constituye la principal traba para que nuestro accionar sea efectivo. Dotarnos de una política que ponga freno a la fragmentación, entonces, pasa a ser un elemento determinante.

Las causas más profundas de la atomización de los revolucionarios no está aislada de los cambios operados en las últimas décadas en el seno de los trabajadores. No podemos dejar de tener en cuenta la derrota sufrida en nuestras tierras del proyecto revolucionario construido en los 60 y 70, y su vinculación con la caída de las experiencias de construcción del socialismo.

Al mismo tiempo, su relación con la reconversión capitalista a escala planetaria -a través de la denominada globalización neoliberal- son la base objetiva sobre la que se producen estos cambios en la organización y la conciencia de los trabajadores. Y como no podía ser de otra manera, todo ello repercute negativamente en la teoría y en las prácticas transformadoras.

Por supuesto que esto es sólo una enumeración de los aspectos más generales. Resta aún de parte de los revolucionarios un balance más profundo y pormenorizado de esta etapa para sacar las conclusiones necesarias, un balance que ponga en el centro el análisis de nuestras debilidades y deformaciones y que no deje de tener en cuenta el accionar del enemigo.

Ahora bien, a esta altura del desarrollo de los acontecimientos, no podemos dejar de mencionar que la ofensiva contrarrevolucionaria ya ha pasado por su cenit. La lucha de los trabajadores y los pueblos de todo el orbe y las contradicciones inherentes al sistema de explotación capitalista en su etapa imperialista han dejado de lado desde hace tiempo las teorías inmovilizadoras del fin de la historia y de las ideologías.

Es cierto que junto con este proceso de recomposición en curso de los anhelos y prácticas de cambios, las “nuevas” ideas derrotistas y desviacionistas, sin contar con los reformistas de ayer y de hoy, han jugado un papel negativo en la conciencia de los luchadores.

Nos referimos a las teorías difundidas ampliamente de que se puede "cambiar el mundo sin tomar el poder”, que le hacen un flaco favor a las masas explotadas en su lucha. También es cierto que el propio accionar de las masas y principalmente en nuestro continente indolatinoamericano, van echando por la borda todos estos lastres.

Entonces compañeros, de lo que se trata, como lo venimos diciendo desde hace tiempo, es de avanzar en la profundización de los ámbitos de intercambio y de elaboración de pautas comunes que guíen nuestro accionar.

Es la hora de la unidad de todos aquellos militantes que nos proclamamos parte de ese activismo que no coincide con los análisis y prácticas de las fuerzas tradicionales de la izquierda (y alguna de ellas no tan "tradicionales”), de sustituir al movimiento real de las masas y analizar la realidad a partir de lo que ellos creen y no de lo que realmente sucede.

Todos aquellos que entendemos que hay que construir organización popular permanente, que estamos dispuestos a avanzar junto con los protagonistas de las luchas de estos tiempos en la construcción de una alternativa antiimperialista y anticapitalista, con vocación de poder; quienes creemos que esta alternativa -parte del proceso de recomposición del movimiento obrero y popular- debe tener la capacidad de desarrollarse en unidad de acción y disputa con todos los que luchan, fortaleciendo en su seno las concepciones revolucionarias, tenemos el deber de avanzar en común.

Los que entendemos que el camino es la autoorganización conciente de los trabajadores y demás sectores populares y la construcción de embriones de poder popular; los que pensamos que es necesario el desarrollo de nuevas relaciones sociales, construyendo desde el vamos los elementos constitutivos del hombre y la sociedad nueva; en definitiva, aquellos que de una u otra forma somos parte de la nueva izquierda que se viene desarrollando en nuestra sociedad, tenemos por delante el desafío de avanzar en la construcción política común.

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