lunes, 22 de agosto de 2005

El Movimiento 13 de Abril defiende la continentalidad de la revolución popular bolivariana

No hace falta insistir demasiado en que la garantía en última instancia de cualquier proceso revolucionario en nuestra tierra pasa por el desarrollo de una estrategia continental que haga de él un momento y un espacio en las luchas de todos los pueblos de América. Nuestra América es un continente, pero además un espacio social y cultural, una memoria de lucha común, que ha
empezado a rebelarse abiertamente contra el imperio de las corporaciones transnacionales, el neoliberalismo y sus máquinas de muerte. Trazar estrategias compartidas entre los movimientos de los pueblos es fundamental en estos momentos, básicamente en defensa de la biodiversidad, el agua, los recursos naturales, los conocimientos ancestrales, el enfrentamiento al ALCA, a la presencia militar de EEUU, y en general, ante la nueva ofensiva colonial, anexionista y el imperialismo de ocupación que viene adelantando este país aquí y en el mundo entero. Pero a su vez es necesario respaldar a fondo las iniciativas integradoras bajo la forma del ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas) y los modelos alternativos de integración que vienen dándose tanto en el papel como en la práctica a través de los mercados comunes de economía social y la formación de movimientos sociales integrados que tienen su centro en la tierra y en la posibilidad de la formación de sindicatos clasistas continentales. No es un modelo único de sociedad a copiar es el fomento de nuevos modelos de producción, nuevas relaciones de poder, nuevas expresiones culturales que permitan desde la periferia del mundo resistir y confrontar de manera abierta y radical la civilización de muerte que se esta gestando con el avance del capitalismo global. Es el proceso popular constituyente entendido en sus dimensiones continentales.

Precisando algo más, sobre nuestras propias fronteras y a sabiendas de la ofensiva contrarrevolucionaria que esta empezando a organizarse desde Colombia a través del paramilitarismo y la agresión mediática y diplomática (Plan Colombia), es de una altísima importancia la promoción de espacios de lucha comunes entre los pueblos de Colombia y Venezuela. Los movimientos y las iniciativas binacionales sustentadas en acuerdos directos y en una alianza muy clara y transparente con nuestras Fuerzas Armadas, deben servir de tapones ante esta ofensiva que ya ha manifestado sus intenciones genocidas en una y otra nación acudiendo a argumentos distintos pero única en sus finalidades cuales son las de acabar con cualquier foco revolucionario (gobierno bolivariano por aquí o la guerrilla en tierra colombiana) y de asumir el control total sobre las riquezas y poblaciones de la región amazónica. Hay un gran ejército de la multitud nuestramericana en lucha en proceso de formación y a él nos debemos.

El M.13A, no tendrá fronteras en las formas de lucha a asumir:

Por mucho tiempo ha quedado borrosa esta discusión tan apremiante en los días de hoy. En la práctica, desde el 98, se ha movido el péndulo de la lucha desde las formas más civilistas y democráticas hasta el ejercicio abierto de la insurrección popular o la toma de fábricas, escuelas, empresas, evitando en todo momento una provocación violenta de gran calibre que serviría de detonante a una guerra civil y una eventual intervención extranjera. Esas han sido nuestras formas de lucha en la práctica, aunque en el discurso esto nunca se ha puesto en claro. La idea de “la revolución pacífica mas no desarmada”, es muy importante mas no resuelve el problema desde el punto de vista del protagonismo integral de las clases populares en cualquiera de los escenarios en que ha de plantearse la lucha revolucionaria. Las formas de lucha no se decretan ni se encierran en ellas mismas, pero la historia nos ha dicho que tenemos que estar preparados para todas ellas y practicarlas a la escala de las necesidades políticas del momento.

La paradoja es que no se ha desatado formalmente la guerra aunque muchos presumimos que vamos inevitablemente para allá. Mejor decir por ahora que efectivamente estamos en guerra contra el imperio y la oligarquía, que ya ellos nos la han declarado, que esta tiende a intensificar su carácter violento aunque no sea el único sobre el cual maniobren, y que por lo tanto esta ha de asumirse en tres terrenos básicos:

El terreno electoral, donde el papel de este movimiento no es el de estar negociando o generando un nuevo espacio electoral que le haga competencia a los partidos oficiales del proceso, sino que sirva de instrumento para la democratización interna de esta esfera de lucha (por ejemplo, que se discutan en forma amplia y participativa el asunto de las candidaturas en todos los niveles) y de apoyo a las candidaturas o posiciones refrendarias dentro del polo revolucionario. Proponemos particularmente al MVR, si aún hay tiempo, de que reconozca su condición de minoría dentro del espectro amplio del bloque revolucionario bolivariano y que por lo tanto se entienda a sí mismo como el instrumento electoral de todos y solo eso. Que rompa con ese híbrido entre “partido único” a la vieja usanza leninista –pretenciones que están a vista a la hora de filtrar quién es el que toma y protagoniza la polémica y las decisiones políticas- y de “escalera clientelar de oportunistas y obligados”, de acuerdo a los viejos ritos adecos, en que actualmente ha caído. Si esto ya no es posible entonces habrá que ayudar a engendrar una plataforma con claros principios tanto metodológicos como ético-políticos, de carácter exclusivamente electoral y en manos de todas las formaciones de base Lo principal de todas formas es que la etapa abstencionista de los movimientos de base se supere definitivamente y se asuma de lleno el terreno electoral no como competidores o negociantes, cual empresa privada de lo político, sino introduciendo en él los valores de la nueva cultura política, exigiendo la superación de con toda división entre sociedad política y sociedad civil, y en este caso concreto, entre movimiento social y partido. El terreno electoral es simplemente un campo más de la lucha democrática y del desarrollo de una nueva cultura política.

El terreno constituyente, siendo sin duda el terreno principal de lucha de ayer de hoy de mañana que a diferencia del electoral constituye un fin en sí mismo por excelencia. El movimiento a edificarse debe servir de espacio de condensación y proyección estratégica de todas aquellas iniciativas que potencien el poder constituyente de las mayorías excluidas, de los trabajadores, campesinos, mujeres, estudiantes, movimientos comunitarios, pedagógicos, de salud, culturales, etc. Respaldando la actual constitución, pero aún más allá de ella, se trata de crear una nueva institucionalidad que rompa radicalmente con la lógica del estado burgués (y mucho más en su versión de estado colonizado, gomecista, burocrático, corrupto y rentario que no hemos dejado de ser). Hablamos entonces de construir orden desde un “no estado” o si se quiere un estado que se diluya progresivamente dentro de las instituciones del poder popular, que asuma el sabio principio de la “revolución permanente” al mismo tiempo que se expande e integra a las instituciones que constituyan los pueblos de nuestramérica. Esto supone la creación de un estado fuerte y a la vez diluido que rompa radicalmente con la racionalidad capitalista de un estado al servicio de la acumulación privada, el monopolio del saber, la información, la decisión y las armas, en manos de sus sirvientes inmediatos.

Hay en estos momentos retos concretos cuya materialización abre precisamente el tránsito hacia la formación de esta otra institucionalidad e intensifican el proceso popular constituyente. Estos pasan por:

• La solificación y multiplicación de las redes sociales, pedagógicas, socioculturales, comunicacionales, asambleas de barrios, espacios autónomos y clasistas, etc, convertidos en “plataformas de lucha”
• La participación directa en la organización, convocatoria y desarrollo del Congreso Nacional del Poder Popular.
• La solidaridad y participación de los programas sociales gubernamentales más progresivos y alternativos.
• La síntesis de los espacios de participación sobre los “Consejos Comunales y Parroquiales”, “Contralorías Sociales”, y sus respectivas redes como primera fórmula para la consolidación concreta del estado participativo.
• La agrupación de las prácticas de economía social y cooperativismo alrededor “Comunidades Autogestionarias” y “Núcleos de Desarrollo Endógeno”, como espacios para la integración ampliada y articulada de una economía socializada y no acumulativa.
• La solidaridad y la participación en todas aquellas iniciativas de base que vayan en función de la recuperación de los medios de producción (tierras, fábricas, espacios urbanos) y ponerlos bajo el control social de los trabajadores, o de instituciones de servicio público (escuelas, hospitales, centros culturales, puertos) que pasen a manos del control comunitario.
• El apoyo a todas aquellas iniciativas de cogestión y autogestión de empresas públicas que vienen adelantándose bajo el principio revolucionario del “control obrero”, así como su extensión hacia el conjunto de las empresas básicas y de PDVSA.
• El incentivo a la movilización social reivindicativa y revolucionaria, combinando desde ella las dinámicas de resistencia, de confrontación y alternativas al orden de explotación dominante.
• La promoción de campañas políticas, periódicos amplios y propios, agencias de noticias y debate, escuelas de formación, que sirvan de foros públicos para el afianzamiento de la movilización popular, del poder y la organización social, la crítica revolucionaria, el pensamiento emencipatorio y la
autonomía de clase.
• La participación creciente en iniciativas nuestramericanas de lucha y construcción social, en combinación con los múltiples movimientos de lucha presentes en nuestro continente.

El terreno político-militar, el cual, por vocación de género, tiende a convertirse en un terreno misterioso y ajeno al resto de las prácticas sociopolíticas en desarrollo. De acuerdo a los viejas estrategias del foquismo o el noble y muchas veces errático guerrillerismo latinoamericano, de esto solo se encargan los aparatos avocados a la lucha armada, encarando lo político desde una perspectiva exclusivamente militar. En contraste a estas posturas hablar de un “Ejercito de Multitudes” es asumir desde su lógica interna la guerra del pueblo (visualizada en otros momentos como “línea militar de masas”), ayudando a introducir dentro de ella los elementos que la cualifiquen y la eleven a nivel de los grandes retos que nos impone la guerra salvaje del hoy imperio y sus séquitos nacionales. Esta es una labor sustancial dentro de la estrategia de “resistencia popular prolongada”.

El cuerpo de esta máquina militar se ordena dentro de la misma dinámica de multitudes, de su lógica horizontalista, de sus formas de interacción, de movilización, de intercambio y construcción de saberes, de sus lenguajes, de sus particulares formas de división del trabajo, producción de inteligencia, hasta sus propias tecnologías y herramientas. La conciencia y preparación para este clima de guerra, mas que un espanto se convierte a partir de esta óptica en un momento en el proceso de dignificación de nuestra existencia colectiva. Es una nueva lógica civilizatoria que tiene en el terreno de lo militar formas muy particulares de estructuración, de organización, de
configuración de mandos, así como tendrá un modo muy concreto de decantarse dentro de la “guerra” que se ha desatado en nuestro país, lo que supone en lo inmediato estar preparados para confrontar las oleadas terroristas que irán incrementándose y las amenazas y ejecutorias intervencionistas que acompañan dicho salvajismo.

Ahora necesitamos empezar a armar el rompecabezas de los grandes corredores estratégicos que acerquen territorialmente las comunidades en lucha, sus vanguardias, periferias de gentes que interactúan alrededor de ellas y producen nuevas esferas de organización y nuevas vanguardias. Corredores que a su vez se entrelazan en forma espiral desde lo local, a lo regional, lo nacional, y como decíamos, hasta incluir la territorialidad nuestramericana.
El “orden de acción y organización” del “ejército de multitudes” tenemos como movimiento que ayudar a facilitar. Actividad para la cual no caben fronteras entre civiles y militares, entre expertos y masas, entre hombre-mujer, adulto y niño, cada quien tiene un papel en ello y lo pondrá él mismo de acuerdo a su propia ubicación existencial dentro del proceso transformador. Proceso que por encima de todo ha garantizado la constitución de un “nuevo hombre”, liberando una nueva subjetividad colectiva; apostamos por que un ejército hecho desde ese milagro moral y cultural se hará invencible. Esta actividad podrá estar organizada desde el PNA, a través de la “plataforma de defensa”, la “Escuela Forjadores de la Libertad Sergio Rodríguez”, las unidades milicianas que vayan expandiendo y produciendo una verdadera mística en todos por ser soldados de la liberación de nuestramérica. El PNA-M.13A es por tanto un “movimiento-ejército de multitudes” y en ello se inscribe el perfil y la organización de su militancia. Con ello esperamos romper de una vez por todas con la ya inútil diferencia entre “organizaciones de cuadros” y organizaciones de masas”. En este movimiento cabe quien quiera y en igualdad de condiciones, desde el general hasta el obrero, desde el cuadro revolucionario hasta el activista comunitario; se cabe como individuo, como colectivo, como red, como movimiento. En él participamos de acuerdo a nuestra participación concreta dentro de los espacios de acción, debate, formación que se vayan integrando de acuerdo al desarrollo del mismo, e incentivados por los que ya asumen su militancia dentro del movimiento. No hay un carnet de militancia que se otorga a petición del nuevo cliente político, es una identidad que se va desarrollando en cada quien como colectivo o individuo con la figura genérica (la organización como máquina abstracta), los postulados, normativa mínima, y el quehacer concreto de la organización (la organización como máquina real). Su estructura de organización se tendrá que ir estableciendo a través de consejos de voceros, estabilización de colectivos de trabajo de revolucionario (CTR), comisiones, mandos específicos (normas concretas para ello), justificada a partir de las mismas realidades regionales y prácticas específicas desde donde se organice el movimiento.

Cada Corredor hará su propia carta fundacional donde se define a sí mismo, se da su nombre y establece sus prioridades y características, pero al mismo, perteneciendo al M.13A, establecerá sus vínculos estratégicos territoriales (zonas, corredores, regiones), designando hacia arriba sus respectivos voceros sobre esta estructura vertical, a la vez que se vincula en la medida de sus posibilidades y desarrollo con el plano horizontal de las distintas plataformas de lucha. Lo que vale en esencia para este asunto es la necesidad de constituir un espacio común de trabajo revolucionario, organizado desde los colectivos de trabajo que se vayan estructurando, basado en un círculo de “comunidad de criterios”, “comunidad de esfuerzos”, “comunidad de recursos”, “comunidad afectiva” y “comunidad orgánica”, “comunidad de combate”. Es sobre la integración de estos principios éticos y políticos sobre los cuales se conforma a nuestro criterio una auténtica comunidad revolucionaria.

Cabe por estas mismas razones ratificar la vigencia de un viejo postulado que hemos reivindicado como corriente. No tiene ningún sentido hablar de una militancia que no esté ligada directamente a ámbitos concretos desde los cuales se viene configurando una realidad que apunta a la construcción de una sociedad distinta. La relación teoría-práctica en este caso es un postulado de principio que se expresa a través de la relación umbilical entre militante y proyecto social de transformación. La razón de ser del movimiento, su justificación histórica y política, su fuerza como sujeto de poder, el ámbito donde él mismo evalúa su pertinencia como movimiento revolucionario y como corriente dentro del proceso revolucionario, se sella en esta relación. E insistimos sobre ello ya que no nos cansaremos de repetir que un movimiento revolucionario que se aleje de este principio sencillamente se convierte en un aparato de dominio que reproduce en su seno todas las maldiciones humanas contra las que dice luchar; problema que tiene entre nosotros, partidos y organizaciones que se dicen de
la “revolución”, testimonios realmente aberrantes.

El M.13A es un movimiento que se hará de donde viene: de las luchas más heroicas del pueblo, del barro negro, de las pieles cobre, de las voluntades rojas, de las sonrisas azules, de la rebelión permanente, y no de las oficinas incoloras y miradas insípidas de burgueses, gerentes, policías y burócratas.

Andamos por todos los caminos!!!

Salvando la democracia... vencimos la tiranía!!!



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movimiento13deabril-owner@gruposyahoo.com
movimiento13deabril@hotmail.com

SonrisaYosmary Delgado de Rausseo.

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